sábado, 13 de mayo de 2017

CHARRO E INDIGENA: DIFERENCIA DE CLASES

CHARRO E INDÍGENA: DIFERENCIA DE CLASES
OLEO EN MADERA
77cm X 67cm
Septiembre de 2012
Autor: Alejandro Fabela Alquicira 

Pintura elaborada como primer composición original, en mis años de aprendizaje de del Dibujo y la Pintura. actividad en la cual me he dedicado por ya 25 años. en esa ocasión tenía los elementos centrales que eran el charro y la indígena. composición a la cual se agregaron los diferentes elementos que la integran. La ideas se gesto desde 1992, cuando en conversación con una trabajadora social, ex empleada en la institución de la cual fui director, me comento ambos personajes a quienes fotografío. los vio en alguna zona del estado de Querétaro. Interesada ella a la fotografía, las tomo de manera independientes y sin pensar en la conjunción de ambas imágenes. todo el orgullo del charro mexicano y la sencillez, trabajo laborioso y pobreza de las mujeres mexicanas. de la campiña mexicana recuerdo de mi infancia.



¿”ACTITUD DE FIEREZA”?

Redactar un pequeño poema retomando la lectura de "El Lobo" sobre El encuentro de este con el Santo San Agustín, fue rápido y por ello la primera publicación el Sábado 28 de Enero de 2017, el cual puede ser consultado en este blogger. Es momento de continuar la revisión de tal ¿Reclamo?, para lo cual hice una elaboración de la "ferocidad" de las personas privadas de la libertad, analizadas por un servidor, en el tratamiento psicológico que se proporciona a las personas recluidas en una institución penitenciaria. Y que es como sigue:

¿”ACTITUD DE FIEREZA”?

MTRO. PS. ALEJANDRO FABELA AQUICIRA
jaliscoafa@yahoo.com.mX
¿De dónde surge el presente RECLAMO? De una breve platica con una psicóloga del CPRS. Ella consideraba que para un servidor sería de interés y agrado la historia de San francisco de Asís y el lobo. Por ello se dio la tarea de buscar dicho texto y leerlo. Esta lectura la utilizaba en el tratamiento a sus propios internos en tratamiento, muchos de ellos privados de la libertad por el delito de secuestro. Al conversar sobre esta temática, se hacía interesante la lectura, de la relación del Lobo y el santo Francisco de Asís. La historia más o menos iba así: El Santo fue llamado para ver a un lobo feroz, que asolaba una determinada comarca. Mataba a los animales de los aldeanos, los agredía a ellos mismos y les provocaba enorme pérdidas económicas y gran temor. El Santo fue al bosque a buscarlo y después de un peligroso y breve encuentro, lo pudo convencer de cambiar. Siendo ahora un dócil animal, que entro al pueblo al lado del Santo. Todos estupefactos lo aceptaron, pues la fiera había cambiado. Por determinados motivos, el Santo debió ausentarse del pueblo, dejando solos a los aldeanos y al lobo.
Al regresar el Santo a la aldea, fue incriminado del comportamiento del lobo, de nuevo su ferocidad había aparecido y grandes estragos daba a la comarca. El Santo se encamina de nuevo al bosque y al encontrarse con el Lobo, tiene que enfrentarse a su ferocidad. Pero el Santo le reclama su proceder, cuando él ya había cambiado y había sido aceptado por los aldeanos. Ante esto el Lobo contrarreclama, que tuvo que ser de nuevo el Lobo feroz, por el trato que recibió cuando el Santo se fue de la aldea. Casi de inmediato los aldeanos fueron quienes lo agredían y maltrataban. Hasta que cansado de ello, se rebela y agrede también. Había vuelto a ser de nuevo el fiero animal. Conocido esto, el Santo se va y deja en paz al lobo feroz.
Se podría asociar esta historia, a la de los internos de un reclusorio, en especial al llegar a la cárcel. Cuando fueron aprendidos fueron golpeados, vejados y torturados. Situación que genera gran resentimiento hacia sus captores, pero que se generaliza hacia la sociedad en su totalidad. Incluso en un centro de reclusión, al llegar un interno particular, se le compara con un Lobo; desaliñado, sucio, con el pelo largo y sin arreglo, daba efectivamente la impresión de estar ante un animal salvaje. De ahí que los demás internos lo apodaron “El Lobo”. Pasado cierto tiempo de recuperación, el interno tiene un semblante diferente. Con mejor aliño, el pelo recortado y bien peinado, era otro ser humano. Sin embargo su comportamiento no había mejorado. Tantos conflictos generaba hacía vigilancia y hacia los demás internos, que fue trasladado de urgencia. Pesaba sobre el la amenaza de su vida o de su integridad personal. “El Lobo fue cambiado de jaula”. Situación con buena regularidad. Cada interno que es problemático en exceso, es cambiado de centro con prontitud. Motivo por el cual tiene múltiples traslados, reportes de indisciplina, aislamiento en celdas de contención o en módulos de conductas especiales. Pero nada de ello permite la mejoría de su conducta. En realidad muchos de ellos dicen tener la fórmula para lograr lo que quieren: privilegios o traslados. Esta es incrementar o mantener el inadecuado comportamiento. Ejemplos de tales conductas es azotar la reja de sus celdas, golpear a los internos o custodios que se les acercan, escupir a notificadores, pelear con otros internos, corromper, autoagredirse, etcétera. En el 2001, un interno lo podría resumir con facilidad. Él recomendaba a su psicólogo que lo apoyara para ser trasladado. Rectificando esto de inmediato. Señalando que su psicólogo no debía preocuparse, pues el sabía cómo sería trasladado de inmediato. Bastaría con golpear uno de “azul”[1], “picar”[2] a uno de “beige”[3] o amenazar la integridad personal de uno de “negro”[4]. Ahora se puede incluir una opción más, que es: crear la sospecha o intentar la evasión de centro penitenciario. Cuando esto fue comunicado a las autoridades del reclusorio en cuestión, se dio su traslado por la noche y de manera inmediata. Vale la pena recordar algunas características de dicho sujeto. Él se paraba en el patio del penal, entre dos muros de la construcción. Al encuestar dicha conducta decía que de esa manera se protegía. Tenía tres muros a su alrededor y solo al frente se tendría que cuidar. ¿Qué conducta tan paranoica? Conducta salvaje pero consciente ya que así lo expresan los sujetos asignados al módulo de conductas especiales o de alta seguridad. Lo cual abre una hipótesis en relación a su conducta. ¿Si ellos no generan conflictos en los módulos de alta seguridad es porque así lo han deseado?
Hasta el momento se puede decir que se ha analizado la conducta emergente de los internos considerados como problemáticos Más cuando se avanza en el análisis de los casos, se plantea el maltrato infantil, e incluso el abuso sexual, de que fueron objeto dichos internos, por parte de los familiares y la sociedad. Lo cual inicio el resentimiento hacia las personas que los rodeaban. No solo fueron marginados, sino que un día se enteraron de que sus madres incluso no los desearon e intentaron abortarlos.
Ante eso se podría recurrir a un viejo adagio del argot popular: “La mula no era arisca, los palos la hicieron así”. Y en psicología se puede recurrir a una pequeña formula del acontecer psicológico que es: el resentimiento genera el deseo de venganza, de retaliación y de desquite; ello sin  importar “quien se los hizo, sino quien se los ha de pagar”. A partir de ahí se vuelven problemáticos en la vida, “unas verdaderas fieras” se diría en la historia de san francisco de Asís y el Lobo feroz. Una similitud más con el relato del Santo se da en su incomprensión de los motivos de la conducta de su familiar. Solo reaccionan de manera particular a ella. Por ejemplo, cuando Nestor, un interno recluido por robo, golpea a su padrastro con un cordón y con puntapiés. El padrastro primero lo golpeaba y la madre del interno incitaba dicha conducta. Cuando el interno despoja al padrastro del cordón y contragolpea, la madre se detiene en su incitación. Diciéndole a su pareja que se retire y ella cambia su forma de hablar y su tono de voz, tratando de entender que había ocurrido con su hijo. Cuando en una segunda ocasión se enfrentan madre e hijo, esto se da porque el roba dinero en efectivo a su padre biológico, enfrente de su madre. Cuando ella trata de intervenir, el solo la confronta con las palabras siguientes: “No intervengas madre o es que harás de nuevo lo que hiciste una anterior vez”. ¿A qué se refería el interno? Pues bien, a la defensa de su padrastro, cuando el  interno lo golpeo. Una vez terminado el enojo que desencadeno la conducta agresiva del interno, el solo pensó para sí mismo. Qué bien lo que había ocurrido, pues a partir de esa fecha nadie le decía nada. Llegaba tarde a su casa, se dedicaba a la vagancia, a las drogas y al robo si obtener reprimenda por ello. Los que lo rodeaban lo habían dejado en paz y no lo molestaban. ¿La mula aprovechaba lo arisca que se había vuelto? Lo mismo comentan los internos de los módulos de conductas especiales. Con su conducta agresiva lograban que sus familiares, los técnicos y vigilancia les den lo que desean. Consideran que la fama que hicieron soportan las consideraciones hacia ellos. Con tal de que no hagan escándalos, tienen garantizados lo que desean. El ser “ariscos” o “problemáticos” encierra un simbolismo y una ganancia secundaria por el síntoma. La “fiereza” que demuestran se vuelve una verdadera “actuación” en su vida. Conducta muy similar a la ocurrida entre los niños, menores de edad. Ellos hacen berrinche, gritan o lloran todo lo que pueden a fin de lograr de los padres lo que desean. Estos lo justifican: ante la pena del espectáculo que se desarrolla en la calle, en los centros comerciales, en las fiestas, ante una audiencia concurrida, les dan lo que desean. Logrando de esa manera contener el acceso de “fiereza” presente. Ello con las consecuencias para su vida. Cada vez que requieren de esa “actuación” estarán dispuestos a representarla. Él porque, pasado el acceso “vergonzoso” dicen los familiares, se les ve con toda la tranquilidad, como si nada hubiera pasado. De esta manera seda el enfrentamiento con uno de los internos problemáticos. Este se enoja y amenaza con la agresión. Trata de alcanzar los papeles de su psicólogo con la intención de romperlos porque no desea que este siga escribiendo. Se retiran los papeles lo suficiente para que no los alcance, se está de pie sin escribir, pero a distancia prudente, en espera de que vigilancia se lo lleve. No se elabora reporte alguno por dicho episodio de furia. Tiempo después, coinciden en la hora de entrevista del interno con su criminóloga y en otra mesa, con la entrevista del psicólogo citado con otro interno. Dice que de reojo observo la entrevista y concluyo que no había burla del psicólogo, sino que era su forma de trabajar. Por lo cual se disculpa con un apretón de mano. Dando ello como consecuencia un mayor dialogo en las entrevistas subsecuentes. El conflicto había sido superado. En otro caso, una trabajadora social se enfrenta a las amenazas de muerte del interno que le toca entrevistar. A pesar de su enojo de la trabajadora social, continua la atención subsecuente pero con la condición de que este algún custodio presente. Tiempo después comenta con su psicólogo que fue una reacción exagerada de su parte y que le pedirá una disculpa a su trabajadora social, lo cual hace de esa manera. En otra ocasión demuestra a su psicólogo, lo fácil que es quitarse las esposas. Mostrándose sin ellas cuando el área de vigilancia se las había puesto. La más clara demostración de la “falsedad de la seguridad”.
De interés es otro caso reciente. Uno de los internos, con un historial de violencia exacerbada logra contener su agresividad e impulsividad. Él dice que esto se da a consecuencia de las entrevistas que se tuvieron con él en el módulo de conductas especiales. Acepto que no debía ser problemático como los demás internos y que no debía dejar que los otros internos o la misma área de vigilancia se aprovechará de su conducta “fiera”. A él en realidad no le había dado ganancias de importancia, pero vigilancia  o los internos había logrado otros beneficios al incitar su conducta impulsiva y agresiva. En épocas anteriores había golpeado, robado, extorsionado o se había autoagredido de manera severa en el cuello. Pero como los técnicos le habían dado una oportunidad, a pesar de sus antecedentes, él debía corresponder a dicha confianza que habían depositado en él. El trabajo clínico con el padre, en especial, y con la madre, favorece la contención del interno. Sujeto rígido que afirma llama la atención a su hijo por consejo de su psicólogo, para lograr la contención de este. Hijo obediente de su padre, también ahora obedece a su psicólogo. No solo pide perdón por los conflictos generados en el pasado, a todos los técnicos que conocía, sino que en una discusión con otro interno se deja dar dos golpes. Como está interesado en su cambio de conducta no responde como en otro tiempo lo haría hecho, impulsiva y agresivamente. Habla con el interno y le recuerda de lo que es capaz y que ahora no quiere hacer, haciendo comprender de lo inadecuado de su conducta con palabras. Por último, con otra trabajadora social se enoja y está a punto de reaccionar según su antigua costumbre, agresiva e impulsivamente. Dice haber pensado en secuestrar a su trabajadora social en una de las exclusas y agredirla directamente por lo que había hecho ella. Pero después de enojarse toma como alternativa hablar con su profesora, con la cual incluso lloró, quejándose amargamente de lo que consideraba una ofensa para su persona. Externa su enojo con la jefa de la trabajadora social, manifestando lenguaje inadecuado ante ellas. No dirigido a ellas, pero si hacia su trabajadora social. Al parecer una vez más logra contener su ira y su “fiereza”. Después de su “catarsis” dice sentir agrado porque esta vez en lugar de agredir busco alternativas diferentes para manejar su malestar emocional. Ahora piensa pedirle disculpas porque no debió utilizar lenguaje inadecuado ante su trabajadora social y con quienes hablo. ¿Cuál había sido el motivo de tal enojo? Que su trabajadora social le dijo cosas inadecuadas que afectaban a su familia, lo cual el no toleraría. La trabajadora social dice que solo le dijo que no era “mandadera” de sus padres. Y que ellos no debían haberle dejado con sus compañeras mudas de ropa para que ella las introdujera en el reclusorio. En primer lugar porque ella no hace eso; y en segundo lugar porque no es el procedimiento institucional, que involucra al área de industria penitenciaría o vigilancia. Observando dichas conductas del interno mencionado, puede decirse que se había logrado lo que hizo San Francisco de Así, controlar a “Lobo” feroz. Pero es detenido y aislado. Otra “fiera”,, interno, acude con su psicólogo, externando su preocupación por su “amigo”. Pide que se le ayude a localizarlo dentro del penal o donde se encuentra, pues el no sabe a donde lo llevaron los custodios. Se lo llevaron y desconoce su paradero. Cuando el interno ve al “amigo” buscado, lo abraza y se observan sus ojos rasados de lágrimas contenidas. ¿Qué había pasado? En entrevista con una psicóloga diferente, el interno “desaparecido”, relata su experiencia. Casi se involucró en una riña, en donde pudo haber heridos como mínimo sino es que algún muerto. Otro interno lo reta y lo amenaza con una “punta” en su mano. El estaba desarmado, pero recordó dos cosas: la primera, que ya en el pasado había enfrentado situaciones similares; una vez más porque no hacerlo, volver a  pelear, confiando en su capacidad para ello y pensando que volvería a ganar; sin importar que por ello tuviera que matar al otro interno. En dicho caso podría enfrentar un nuevo proceso y tl vez una nueva sentencia que complicaría su situación personal dentro de la prisión. Ahora había sido acusado de homicidio en reclusión. Sus segundos pensamientos, fue recordar lo que había trabajado en el área de psicología, lo que lo detenía de ir contra sus promesas personales, hechas ante su psicólogo y su padre; comportarse correctamente y controlar sus impulsos. Sabía de lo que era capaz y que no tenía miedo. Esto motivo que hablara con el otro interno, llegando al común acuerdo de que no habría más problemas. Cuando fue liberado, acudió en busca de su psicólogo, pero al no encontrarlo fue con la jefa de este, a la cual también conoce desde hace varios años. Le externa su molestia y enojo exacerbado, sus pensamientos homicidas y su interés por no hacer lo que dice sabe hacer muy bien: agredir y lesionar. Una vez más, afirma haber podido contener sus impulsos, buscando nuevas alternativas en su vida y en su reclusión, para excluir de estas su agresividad y su falta de control de los impulsos. ¿Acaso la “fiera” seguía controlada?. Lo que si es seguro es que estaba haciendo cosas que regularmente no haría. Señala que por ello sentía agrado y estaba consciente de que a pesar de lo hablado con el otro interno no se debía descuidar ni creer que todo había terminado con dicha plática. Ahora se “cuidaría la espaldas” por si las dudas.
En continuidad del caso, en Marzo de 2017 el interno es trasladado a otro centro penitenciario. La situación no había sido controlada y la amenaza estaba latente. Al salir de observación el otro interno afirmaba que buscaría la continuidad de la riña, además de que los “amigos” de este podría en grupo buscar al interno. Información confirmada por el “amigo” de nuestro interno. Él también se veía amenazado y al parecer ya había tenido un enfrentamiento con el agresor. Decía que no era justo lo que había pasado: tanto por el traslado de su “amigo” y la permanencia del agresor en el centro en que se encontraban. Consideraba que siendo él el agresor, no le habían hecho nada. Como por la provocación hacia su “amigo”, cuando él se esforzaba por comportarse correctamente. Consideraba que cumplía en las áreas y se encontraba “tranquilo” en su reclusión. Esfuerzo que incluso a él lo había motivado a acercarse al interno provocado y al igual él se había podido tranquilizar. Este era el motivo por el cual el lo consideraba su “amigo”. Con respecto a él mismo afirma no le importa la posibilidad de un proceso más o una sentencia por homicidio, después de todo tiene setenta años de prisión y está seguro que no saldrá vivo de la cárcel. Por esto espera que a la mínima provocación el si matará al interno provocador. A él no le asusta la cárcel ni el que pueda morir. En su historial personal, se refiere como se dedicaba al narcotráfico y como fue sicario de otras personas, por lo cual ya había matado a más de una persona. En Estados dos Unidos ya había sido recluido por varios años. La cercanía entre el interno agredido y su “amigo” era lo que parecía motivar, para que el otro interno lo molestara y lo cual no estaba dispuesto a tolerar.
Un interno diferente, problemático en extremo, al grado de que sus propios compañeros de reclusión no lo soportaban. No lo agredían en grupo, no se ponían de acuerdo para matarlo y con ello solucionar el problema que representaba para los mismos internos. ¿Por qué no hacían eso que sería fácil si se ponían de acuerdo más de un interno? ¿Por qué tolerar a la fiera? Incluso en historias similares a parte de la de San Francisco de Asís se puede dar. Cuando la comarca esta “harta” de la fiera, se ponen de acuerdo y no descansan hasta darle caza y exterminarlo o al menos se contratan a alguien para que proceda a acabar con su problema. Un ejemplo en la reclusión podría ser si se da por cierto una versión extraoficial. Durante un motín, en un reclusorio, una banda delictiva interna fue seguida por los demás internos para acabar con sus integrantes. Decían que traían una lista con los nombres de los integrantes de la banda para matar a uno por uno. Que el motín no era importante en sí, sino localizar a los integrantes de dicha banda y exterminarlos. Tiempo después, si alguien relacionaba a un interno con dicha banda, ellos lo negaban enfáticamente. El segundo caso fue el de otra banda interna, en donde se determinó trasladar a los principales integrantes que comandaban a la misma. Lo cual se hizo hasta que se desintegro dicha banda. En ambos casos, los integrantes de ambas bandas estaban fuera de control, en relación a robos, extorsión y agredir a internos y familiares de estos; tráfico de drogas, amenazas a autoridades o técnicos de áreas de la institución; tráfico de influencias, conformación de grupos de poder, etcétera  ¿Las fieras habían sido eliminadas o controladas? Pero no olvidemos al interno que, motiva los presentes comentarios. ¿Qué había hecho este? En realidad el comandante del penal en que se encontraba, decidió permitir la visita extraordinaria, fuera del horario oficial, a su madre. Llevando a esta hasta la estancia del interno. Además, después de haberla dejado cierto tiempo con él, llega y le regala un refresco a su madre. Motivos por los cuales el interno afirmaba que el comandante “se lo había ganado a él”. Por lo cual él se encargaría de que “su reclusorio” estuviera tranquilo mientras el permaneciera en dichas instalaciones. Hacía tanto ruido o generaba tantos problemas entre los internos o contra los internos, que nadie se atrevía a enfrentarlo. No los dejaba dormir por las noches por su comportamiento. Volveríamos a preguntar ¿la fiera había sido controlada? ¿Se había logrado un acuerdo o alianza con la fiera? Con toda su capacidad intelectual y de organización, un interno conformo su grupo para traficar con drogas, contrario y competidor de los grupos establecidos y en comunicación con el área de vigilancia, según se decía. Un buen día dicho grupo contrario acorralan al interno y lo agreden a golpes y con “puntas”. Por ello fue lesionado de manera seria. El afirma que se pudo defender , porque los agresores eran muchos, le habían “echado montaña”, y él se autoprotegio en el rincón de un pasillo de penal. De esta manera había tenido un muro a sus espaldas y a su lado derecho e izquierdo. Peleando en su solo lado que era su frente. Recuperado de sus lesiones se decidió a cobrar venganza, y uno por uno de sus contraatacantes fue agredido.  De tal manera el provoco las lesiones a diez y seis internos más. Pero, ¿por qué el grupo agresor no se reorganizo de nuevo y contraataco una vez más?
Otro interno afirma, que de manera similar se defiende contra cinco atacantes, él estaba en su celda y solo se debía cuidar de la entrada a la celda. Para esto usaba un palo roto de escoba como una “punta”. Él interno había impedido que entraran a su celda y de esta manera repelió la agresión. La versión contraria es del principal agresor, quien afirma que no lo pudieron atacar y matarlo como lo pensaba hacer, porque no pudieron abrir la reja de la celda. Las llaves que le habían quitado previamente a un custodio que además privaron de su libertad, no funcionaron. Una “fiera” se había enfrentado a un custodio, lo amago, lo sometió y le quito sus llaves, pero no lo lesiono. Acaso ¿no era de interés el atacar al custodio? Siendo ubicado después de tal evento en el módulo de alta seguridad, solo afirmaba que no lo dejaran regresar con el resto de la población recluida; él estaba seguro que los  agrederia y tal vez mataría al interno que fue a agredir o a los que lo ayudaron en tal agresión. De compañeros de la agresión ahora eran los “agravios[5]” de este interno y por ello pensaba buscarlos hasta que los pudiera matar. Pero, ¿Cómo se había generado tal “agravio”? El interno agresor había sido agredido por el interno en la celda, golpeándolo y descalabrandolo, por “encargo” de los que los cuatro internos que lo ayudaron en la agresión. Ellos lo habían ayudado para amagar al custodio, al que le quitaron las llaves para tratar de matar al otro interno. ¿Qué ocurría aquí? ¿Era lucha de “fieras”?. Como comunicación adicional del interno agresor, este refiere que en el exterior era igual de problemático, perteneciendo a una banda callejera en su colonia.
Algo que en cierto sentido es de interés, entre los técnicos y esa actitud “fiera” es la conducta de los primeros. Los cuales tratan a dichos internos con “cuidado” y gran tacto. ¿Para qué? Esa actitud desafiante y amenazante e incluso las amenazas veladas de manera verbal o a través de la actitud no son inusuales, en especial al principio de dicha relación “terapéutica”. Se da con mucha frecuencia y tiene por supuesto un significado. Entrecomillamos lo “terapéutico”, porque si la relación se da de tal manera sería cuestionable el tratamiento con tales internos. Técnicamente se diría que se hace trabajo clínico bajo la contratransferencia negativa; y tratamiento en esos términos, puede ser cualquier cosa menos tratamiento clínico. ¿Cabría ´preguntarse cuáles serían las características de dichos tratamientos y su efecto sobre los internos? De ninguna manera serían positivos ni en beneficio del interno. Un ejemplo es de interés. Una psicóloga penitenciaria especializada en atención a reclusos muestra sus manos, las cuales temblaban de manera importante. Eso le provocaba el trabajo en los reclusorios. Temblor que ella controlaba o disimulaba, entrelazando sus manos, tomando una pluma para escribir o las ocultaba de la vista del interno. En otro caso, la psicóloga acude a su jefa inmediata, en el área de psicología, solicitándole de favor que no le dé, internos del padrón de riesgo; ofreciéndole cambiar estos hasta por otros cinco internos. ¿Por qué son de importancia estos ejemplos? Porque la primera actitud de los internos ante los técnicos es de intimidación o amenazas. Ellos van a probar cómo reaccionan los técnicos ante su actitud de “fiereza”. Si lo lograron, la intimidación, tendrían ganancias secundarias de estos. Decía otro psicólogo, le compraría periódicamente sus artesanías para no confrontarse con ellos y tenernos cercas de él. En el técnico, podría haber otra actitud diferente. Si él es desafiante, oposicionista, rebelde, su intimidación padece una formación reactiva. Generando una respuesta de “dureza” pero en realidad como un mecanismo contrafóbico. Lo cual de ser correcto implicaría el fracaso del tratamiento, antes de que este se dé.

MTRO. PS. ALEJANDRO FABELA ALQUICIRA
MARZo 05, 2017
jaliscoafa@yahoo.com.mx





[1] “azul”, alusión al color del uniforme de los sujetos privados de la libertad en proceso judicial, por la imputación de una comisión delictiva.
[2] “azul”, alusión al color del uniforme de los sujetos privados de la libertad en cumplimiento de su sentencia porque les fue comprobada la comisión delictiva asignada.
[3] “picar”, término utilizado el argot carcelario, para referirse a las lesiones con armas punzo-cortante, prefabricadas en la reclusión en forma de punta en uno de sus extremos.
[4] “negro”, alusión al color del uniforme de los sujetos encargados de la vigilancia y seguridad de las personas privadas de su libertad. Así como de salvaguardar las instalaciones carcelarias.
[5] Vale la pena hacer una breve nota sobre los “agravios” en la reclusión. Esto implica que hay cuentas pendientes que no son perdonadas. Los agravios, son para siempre y pueden ser cobrados por el afectado o por los amigos de este. Esto implica que aún en los traslados el “agravio” puede permanecer y ser cobrados por conocidos o amigos del sujeto en cuestión. Un acto se vuelve un “agravio” porque el ejecutor del mismo se excedió en su conducta agresiva. Por ejemplo cuando se agreden en grupo y se burlan del agredido. No le dieron oportunidad de defenderse de uno a uno, llevando de antemano las de perder el agredido.


viernes, 14 de abril de 2017

MI MATRIMONIO

MI MATRIMONIO
Dibujo elaborado en papel negro con lápiz de color blanco
51 cm X 56 cm
PS. ALEJANDRO FABELA ALQUICIRA Y MARIA GUILLERMINA ARACELI URIBE ZUÑIGA


TRASTORNO IMPULSIVO INTERMITENTE

El presente trabajo se deriva del interés personal sobre los diagnósticos frecuentemente observados en la atención de personas privadas de su libertad. es muy frecuente que asocien la comisión delictiva ejecutada con el Trastorno Impulsivo Intermitente. Después de meditarlo, surgieron las dudas con respecto a ellos, en especial en delitos de secuestros, pero con mucha frecuencia con otro tipo de delitos. por ello me di a la tarea de redactar el presente documento.

Coacalco de Berriozabal a 26 de Diciembre de 2015

EL TRASTORNO EXPLOSIVO INTERMITENTE

MTRO. PS. ALEJANDRO FABELA ALQUICIRA
C.P.R.S. Ecatepec
jaliscoafa@yahoo. com.mx

Corresponde ahora abordar uno de los cuadros diagnósticos utilizado en los en los CPRS, el Trastorno explosivo intermitente, de acuerdo al DSM-V o trastorno explosivo intermitente, en el DSM-IV-R, dentro de la clasificación de los trastornos del control de los impulsos no clasificados en otros apartados.
La preocupación y extrañeza surge primeramente de los diagnósticos hechos por un servidor. En general corresponden a trastornos personalidad obsesivo, histriónico o pasivos agresivos en general; con escases de narcisista, limite y antisocial, y aunque pocos, pero presentes, paranoide o esquizoide. Como segundos diagnósticos se dan los relacionados con el consumo de alcohol y otras sustancias. Derivándose casi siempre de ellos, los correspondientes a deterioro intelectual o síndrome orgánico cerebral. Pocos de esquizofrénicos y tl vez con  mayor frecuencia de trastornos distímico, pero no maniaco-depresivo. Menos aún el Trastorno explosivo intermitente, con el agregado de trastorno de personalidad o impulsivo intermitente. Tanto el DSM-V como el DSM-IV, no incluyen los términos personalidad, ni impulsivo, excepto en la nomeclatura correspondiente al dicho apartado, donde se dice “trastornos del control de los impulsos…”. Por lo cual se puede suponer que se asociación como sinónimos explosivo e impulsos, pues el término explosivo da intrínsecamente la perdida no premeditada de los impulsos. De esta manera se explicaría la denominación de impulsivo o explosivo. En ambos casos no hay mediación del pensamiento para ejercer dicho control, siendo de esta manera su presencia de los impulsos de manera intempestiva. Agregándose el siguiente calificativo para completar el diagnóstico, intermitente, cuya definición de diccionario corresponde a:

Intermitente: adj. Que alternativamente cesa y continúa en una oscilación reiterada y de frecuencia gralte establecida.// Se aplica a la fiebre que aparece en crisis más o menos prolongadas.// m. Luz de intermitencia de un vehículo, con la que se señalan los cambios de dirección o de carril (pág. 538).

Referirse a “…Que alternativamente cesa y continúa en una oscilación reiterada y de frecuencia gralte establecida…”, permite meditar la manera en que se da la conducta delictiva de los delincuentes. El delito ejecutado no se da de manera continúa, habiendo interrupciones, porque ya tienen lo que querían o necesitan replanear o planear los nuevos ilícitos. Si se considera literalmente la definición en relación a una frecuencia establecida, se podría afirmar, que es así toda la conducta delictiva. Pero no hay que olvidar, que de esa manera, la intermitencia esta mediada por la presencia del pensamiento, para planear, replanear, meditar o realizar la conducta criminal. Situación que se contradice con la definición de explosivo o intermitente, donde está ausente el pensamiento como motivador de la conducta. Un ejemplo de conducta intermitente o explosiva podría ser cuando un sujeto, caminado en la calle, dice que iba con la cabeza baja. Levantando los ojos y de esta manera ver a una mujer que camina en dirección a él. Al encontrarse en contrasentido pero al mismo nivel, el solo estira la mano y le arranca de su cuello un collar que portaba. Lo ve en su mano y lo arroja al piso. Ya se había verificado el robo. Al cuestionarlo al respecto, en su tratamiento, dice que de reojo le llamo la atención del brillo del collar, por eso se lo quito. Pero al revisarlo vio que era de fantasía, por eso lo tiro. Ahora bien, este mismo caso en relación al diagnóstico de explosivo intermitente es cuestionable ya que no están presente los síntomas relacionados con la agresividad, los impulsos, la no reflexión o los “arrebtos”, que son esenciales para establecer dicho diagnóstico.
En otro caso, relacionado con una riña, se podría decir que bajo los efectos del alcohol, un sujeto golpea a otro en el rostro. Se podría afirmar que bajo los efectos del alcohol, perdió el control de los impulsos y por ello inicio la riña. Pero al analizar su conducta, refiere que en realidad, estando tomado recordó los conflictos que había tenido con la persona que golpeo y solo tomo venganza de esto. Claro es que los demás que lo rodeaban no sabían estos motivos. Solo pudieron ver el golpe intempestivo o “explosivo”.
Otros dos casos similares podrían ser otros dos reclusos, uno con delito de daños en propiedad y el otro con daños en propiedad y lesiones. Sin previo aviso ejecutan la conducta delictiva. El primero rompe el cristal trasero de un volkwagen y le prende fuego. El otro rompe el parabrisas de un microbús y lesiona al “cacharpo[1]” al estrellar el vidrio. En ambos casos se pude decir que ambos estaban correctamente sentenciados. Los que interesa, es si su conducta fue explosiva o intermitente. Analizando a fondo dichos casos se encontró la información siguiente: El primero, se encontraba intoxicando con thinner, de reojo observa en un cerro una silueta, la cual le enviaba mensajes y le decía que quemara el vehículo mencionado. Así lo hizo. Complementando el diagnóstico esto fue bajo una reacción psicótica secundario a consumo de thinner. El segundo caso, un esquizofrénico paranoide, caminaba en contraflujo al microbús, tenido una idea deliroide. Pensó que algo le querían hacer; se agacha y recoge una piedra que arroja al parabrisas, rompiéndolo. Al estrellarse el cristal, como el “cacharpo” iba sentado de espaldas al parabrisas, es como sale lesionado. De manera similar, muchos otros casos pueden ser considerados, pero no fueron diagnosticados como trastornos explosivos intermitentes. ¿Por qué?, son casos no diagnosticados en una y única primera entrevista. Llevaron una entrevista con mayor amplitud, que permitió conocer las motivaciones de la ejecución de la conducta delictiva. Para el inexperto entrevistador, una sola entrevista favorece el establecimiento de tales diagnósticos, que en realidad no son exactos. Señalamos la inexperiencia, porque la realización de una entrevista inicial no justifica la determinación de diagnóstico explosivo intermitente. Un entrevistador debidamente entrenado, hará uso de la anamnesis, para diferenciar adecuadamente la psicopatología del delincuente. No es indispensable el interrogatorio amplio y largo para hacer un buen diagnóstico, sino que es necesario el conocimiento de los casos para realizar una entrevista dirigida pertinente.
De acuerdo a lo expuesto hasta el momento, habría que preguntar entonces, ¿que se diagnóstica trastorno explosivo intermitente por falta de información, por ignorancia de los criterios diagnósticos o por “deformación” teórica?
Otro aspecto de interés, al menos para un servidor, es la ubicación del cuadro clínico. Este se localiza en el Eje I y no en el Eje II. Siendo de importancia esto, porque si agrega el término personalidad, pareciera que se diagnóstica Eje II y no Eje I. Aspecto fundamental, ya que hablar de personalidad es hablar de patrones conductuales o características de personalidad a largo plazo o de larga permanencia en el sujeto. Lo cual podría implícitamente contradecir la denominación de explosivo o intermitente. Por otra parte es de interés el que sea un trastorno mencionado en el Eje II, el cual por teoría correspondería a padecimientos actuales de los sujetos y no de larga trayectoria. Son diagnósticos que pueden ser eliminados porque pues el padecimiento actual puede remitir o atenuarse. En este caso encontramos que diacho diagnóstico se mantiene en internos sentenciados ya por varios años de compurga de sentencia y que no han delinquido de nuevo. Es posible que tengan otras conductas transgresoras pero no a la manera en cómo se dio su diagnóstico inicial.
El tema es de interés y preocupación, pues cuando algún otro psicólogo retoma un caso con otro diagnóstico, es frecuente que establezca el trastorno impulsivo intermitente de nuevo o por vez primera. Habría que preguntar ¿se piensa que el otro o primer psicólogo estaba equivocado en su diagnóstico? O ¿se sigue la “tradición” de diagnósticos de los CPRS? ¿Cuál es esa “tradición” entre psicólogos? ¿Es sustentable y real esa “tradición”?
Hay que ampliar el análisis y para ello hay que revisar en detalle lo que el DSM-V consigna.

A. Arrebatos recurrentes en el comportamiento que reflejan una falta de control de los impulsos de agresividad, manifestada por una de las siguientes:
1. Agresión verbal (p. ej., berrinches, diatribas, disputas verbales o peleas) o agresión física contra la propiedad, los  animales u otros individuos, en promedio dos veces por semana, durante un periodo de tres meses. La agresión física no provoca daños ni destrucción de la propiedad, ni provoca lesiones físicas a los animales ni a otros individuos.
2. Tres arrebatos en el comportamiento que provoquen daños o destrucción de la propiedad o agresión física con lesiones a animales u otros individuos, sucedidas en los últimos doce meses.
B. La magnitud de la agresividad expresada durante los arrebatos recurrentes es bastante desproporcionada con respecto a la provocación o cualquier factor estresante psicosocial desencadenante.
C. Los arrebatos agresivos recurrentes no son premeditados (es decir, son impulsivos o provocados por la ira) ni persiguen ningún objetivo tangible (p. ej., dinero, poder, intimidación).
D. Los arrebatos agresivos recurrentes provocan un marcado malestar en el individuo, alteran su rendimiento laboral o sus relaciones interpersonales, tienen consecuencias económicas o legales.
E. El individuo tiene una edad cronológica de seis años por lo menos (o un grado de desarrollo equivalente).
F. Los arrebatos agresivos recurrentes no se explican mejor por otro trastorno mental (p. ej., trastorno depresivo mayor, trastorno bipolar, trastorno de desregulación perturbador del estado de ánimo, trastorno psicótico, trastorno de la personalidad antisocial, trastorno de personalidad límite), ni se pueden atribuir a otra afección médica (p. ej., traumatismo craneoencefálico, enfermedad de Alzheimer) ni a los efectos fisiológicos de alguna sustancia (p. ej., drogadicción, medicación). En los niños de edades comprendidas entre 6 y 18 años, a un comportamiento agresivo que forme parte de un trastorno de adaptación no se le debe asignar este diagnóstico.
Nota: Este diagnóstico se puede establecer además del diagnóstico de trastorno de déficit de atención con hiperactividad, trastornos de conducta, trastorno negativista desafiante o trastorno del espectro del autismo, cuando los arrebatos agresivos impulsivos recurrentes superen a los que habitualmente se observan en estos trastornos y requieran atención clínica independiente.

Los “arrebatos recurrentes” implican una investigación detallada de los mismos, ya que se solicita hayan ocurrido al menos dos veces por semana, en un período de tres meses. Además, se debe tener la certeza de que “La agresión física no provoca daños ni destrucción de la propiedad, ni provoca lesiones físicas a los animales ni a otros individuos”. Estos “arrebatos” incluyen “Agresión verbal (p. ej., berrinches, diatribas, disputas verbales o peleas) o agresión física contra la propiedad, los  animales u otros individuos”.
El segundo criterio involucra los arrebatos” hayan ocurrido dentro de los últimos 12 meses pero provocando “…daños o destrucción de la propiedad o agresión física con lesiones a animales u otros individuos…” y solo tres, no más; y aquí no se considera su existencia en la vida previa del sujeto, fuera de ese año. Pero ¿y si ocurrieron? Acaso se cumpliría el criterio de “recurrentes” ¿o no?
Lo interesante es que los “arrebatos recurrentes” se restringen a la vida cercana al “aquí y ahora” y no “al allá y entonces”, excepto por los doce meses., del segundo criterio. Desde esta perspectiva, no hay que considerar el diagnóstico a largo plazo y de manera repetitiva, como en los internos que se atienden. En ellos las agresiones verbales en sus diferentes modalidades o su conducta agresiva es habitual, constante y regular. La “recurrencia” es constante y no eventual como lo señalan los dos criterios revisados. No hay que olvidar al menos dos casos que en entrevista a largo plazo se detecta, en uno un robo diario en promedio por seis años. Y en un segundo caso, treinta y cinco años de robos. Como se puede saber, estos no son casos aislados, sino frecuentes. Con lo cual se estaría en desacuerdo con los dos criterios diagnósticos fundamentales. Una adecuada entrevista no se debe dirigir solo a la comisión delictiva por la que se llega, sino a conocer la conducta habitual del sujeto en proceso legal. Hay que realizar un diagnóstico diferencial, para conocer si se restringe la conducta habitual del sujeto a los criterios establecidos. En este caso, dado que el diagnóstico corresponde al eje I, o padecimiento actual, la permanencia a través de los años de dicho diagnóstico no es pertinente. ¿O es que acaso habría que mantener el diagnóstico explosivo intermitente, más allá de un año? De optarse por dicha alternativa, se contradice ambos criterios diagnósticos del trastorno que nos ocupa. Si se consignará como diagnóstico, podría o debería tener el agregado en remisión de dicho padecimiento. ¿O se podría hablar de un trastorno explosivo intermitente crónico? Al menos el DSM-IV o el DSM-V no lo contempla de tal manera.
Continuando el análisis del trastorno explosivo intermitente hay que profundizar en “La magnitud de la agresividad expresada… es… desproporcionada <<estímulo>> desencadenante”. ¿La cantidad de agresividad es atribuible al trastorno o a la dinámica delictiva? Es indudable que hay agresividad en cualquier o en casi todas las comisiones delictivas. Pero ello es inherente a la ejecución del delito, lo cual favorece su objetivo y hace víctima al ofendido. Pero esto implicaría el cálculo para lograr un efecto esperado en la víctima, que no se defienda cuando le son quitadas sus pertenecías en el caso de los robos. En caso de homicidios se podría argumentar la “magnitud de la agresividad”, a cual es tal que llevo a privar de la vida a un ser humano. Pero aceptar este argumento sin mayor cuestionamiento sería tanto como aceptar el razonamiento de los victimarios: no sabía lo que hacía, “perdió la noción de los hechos, en realidad no quería provocar la muerte dl occiso”. Cuando han estado involucradas armas, de fuero o blancas, el sujeto tenía tiempo de andaba armado; o el día de los hechos, “casualmente” se les ocurrió llevar el arma. O bien en otro caso, decía un interno, que el solo levanto los brazos, y en una mano tenía un cuchillo, que penetro la zona torácica a la altura del corazón, provocándole la muerte. Pero en realidad la versión jurídica del delito y el peritaje necrológico señalaba que el occiso presentaba heridas por arma punzo cortante en la espalda. El victimario había acuchillado al occiso por la espalda. Esto quiere decir, que para poder evaluar bien este criterio hay que conocer no solo la versión del ilícito proporcionada por el inculpado, sino también la versión jurídica del hecho delictuoso. En el caso mencionado, ni el consumo de alcohol podía exculparlo. En la dinámica se da el consumo de alcohol, a consecuencia de ello el victimario el golpeado; este se retira y va y trae el cuchillo, procediendo dar muerte al occiso de la manera descrita por el peritaje.
Considerar la dinámica del delito es vital ya que introduce la valoración de otro criterio diagnóstico, el cual corresponde a “no son premeditados (es decir, son impulsivos o provocados por la ira) ni persiguen ningún objetivo tangible”. En los casos analizados, el “objetivo” es “tangible” y si son premeditados. Si dentro de los delitos se incluyen los de secuestro, la premeditación es más que evidente. Aun los ejecutores y en especial los intelectuales, el pensamiento, la reflexión, la planeación y la anticipación son indudables están presentes. Las últimas dos funciones implican la organización o el “modus operandis”. Con los cual en estos casos, es explicita la meditación o la premeditación. Desde est perspectiva el diagnostico explosivo intermitente estaría excluido. Lo que acontece al sujeto es diferente.
Por ello es importante realizar el diagnóstico diferencial correcto. El trastorno depresivo mayor, trastorno bipolar y trastorno de desregulación perturbador del estado de ánimo, pueden der descartados con facilidad, si se considera el polo depresivo en la fluctuación del estado de ánimo. Estos podrían estar implicados solo en los caso que antiguamente se denominaban “cuadros de agitación psicomotriz” con un trasfondo depresivo. A pesar de estado de ánimo depresivo se da la emergencia de dicha agresividad. Si en el trastorno bipolar o el trastorno desregulador perturbador del estado de ánimo coincide con la presencia del estado de ánimo exaltado, la agresividad como cuadro clínico presente es posible, pero para su diagnóstico correcto y diferencial habría que agregar la presencia de mayor cantidad de síntomas relacionados con dicha exaltación del trastorno. En ellos no se restringe el trastorno solo al estado de ánimo sino que incluye otras esferas del acontecer mental del enfermo; sintomatología que correspondería a los de los estados maniacos del trastorno bipolar.
En cuanto a los trastornos psicóticos, faltaría la pérdida del contacto con la realidad, tan característicos e estos últimos. Los síntomas de extrañeza y desrealidad, no son contemplados en el en los signos y síntomas diagnósticos del trastorno explosivo intermitente. Por ejemplo, en un caso de homicidio, el sujeto acribilla a su tía, con más de ochenta puñadas en la espalda y los glúteos. Se pensaría que había habido un trastorno explosivo intermitente, por el momento en que se ejecuta el acto. Pero un análisis más amplio abre la opción de que el delito fue ejecutado de manera desplazada. A quien quería y no podía matar era a la madre. Una hermana, la accisa, funciona como símbolo sobre el cual se pudo desplazar la agresividad y se dio el homicidio. En entrevista subsecuente, el interno aclara la “mala” relación con su madre y no con su tía. Otro caso similar podría el homicidio bajo la presencia de un cuadro delirante o deliroide del sujeto. El occiso se vio involucrado en el sistema delirante o deliroide por lo cual fue objeto de la agresión que lo privo de la vida. En estos casos, la agresión tiene una finalidad, eliminar al persecutor o defenderse de la supuesta amenaza interpretada por el delirante o deliroide, pero no una acción explosiva intermitente. Aunque psicóticamente había un objetivo y una reflexión, de la cual los observadores externos no tenían noticia. Estos últimos solo ven la agresividad desencadenada, y para ellos sin motivo. Después de todo ese motivo no era comunicable si se asociaba a otro signo de los psicóticos, en especial de los esquizofrénicos, el autismo y el ensimismamiento de pensamiento.
Hay que considerar ahora al trastorno de la personalidad antisocial, trastorno de personalidad límite. Ambos cuadros clínicos tienen presente la agresividad. En el antisocial se acercaría a lo que Henri Ey (1976) conceptualiza como el “acting out”, como carácter definidor de la conducta de los antisociales, donde no hay medicación de la planeación o programación del comportamiento. Su ejecución no permite la demora ni la mediación del pensamiento. Ellos actúan por impulso. Pero al ser un trastorno de personalidad, eje I del DSM-V, es habitual su conducta, hay permanencia de dichos patrones conductuales. Lo cual no está indicado en el trastorno explosivo intermitente. En él es impulsivo, sin estar presente el pensamiento reflexivo, pero ello no implica lo habitual. Esto es válido también para para el trastorno limite de la personalidad. Aunque es distintivo la impredicibilidad en la manifestación de su conducta e impulsos, al ser trastorno de personalidad, se implica el comportamiento a largo plazo, constituido desde la infancia. No hay que olvidar que la estructuración de una conducta en la personalidad no es crónica, sino un carácter fijo y poco modificable, no impulsivo. Un ejemplo alusivo a este trastorno sería el conocido por la prensa mexicana como el mecánico asesino. El cual atropella, al parecer de manera impulsiva a tres menores de edad, con una camioneta de su propiedad, provocándoles la muerte. La intención de arrollarlos con su vehículo es real, como él lo decía. Su intención era pasar su vehículo sobre la maestra de la escuela pre-escolar que hacia honores a la bandera en la calle por donde transitaba todos los días este sujeto. Dos años tenía ese conflicto y era de conocimiento el ayuntamiento de Ecatepec. Ese día de manera impredecible se da la conducta, como aquella personalidad limite que era. Un estrechamiento de la conciencia favorece la ejecución de la conducta delictiva. Refiere el sujeto que veía una especie de túnel, con oscuridad a su alrededor, viendo al final solo a la maestra objeto de su enojo. Intenta atropellarla y si la lesiona, pero desafortunadamente los menores estaban enfrente de su camioneta. Pasando por encima de los mismos sin percatarse de lo que hacía. Tarde fue cuando reacciona, los niños habían muerto. Detallar la versión del delito es suficiente para para delimitar el diagnóstico psicopatológico, el cual no corresponde al explosivo intermitente. Después de todo se señalaba por inculpado, que el conflicto con la maestra llevaba ya tiempo y múltiples demandas entre ellos.
Por otra parte si se pueden atribuir los trastornos explosivo intermitentes a afección médica (p. ej., traumatismo craneoencefálico, enfermedad de Alzheimer) o a los efectos fisiológicos de alguna sustancia (p. ej., drogadicción, medicación), el diagnóstico explosivo intermitente está descartado. En el caso de internos en procesos jurídicos o sentenciados por la ejecución de una comisión delictiva son frecuentes el consumo de alcohol o diversas drogas. Involucrándose en el delito bajo el efecto de sustancias diversas. Pero como se indica, ello no justifica el diagnóstico de trastorno explosivo intermitente. Además el consumo de sustancias se realiza de manera propositiva, a fin de diluir el “el superyo” (Fenichel, 1980) en las sustancias toxicas. Es decir, dinámicamente, el sujto se intoxica para atenuar los frenos conductuales que su persona puede tener y adquirir “valor” para ejecutar el ilícito propuesto. En realidad para no pensar la consecuencia que podría acarrear su comportamiento y eliminar la posible culpa que pudieran generar en ellos. Dos casos de homicidio son pertinentes aquí. Uno se relaciona con el consumo de drogas. Al parecer inesperadamente se origina una riña, donde uno de los presentes es lesionado de muerte. Uno se los implicados afirma que después de matarlo continuaron consumiendo alcohol y drogas. Solo cuando fue tiempo de retirarse, cargan en el hombro al occiso y lo tiran en una canal de “aguas negras”. El otro, podría inferirse lo inesperado de un acto que concluye con la muerte de un hombre. Pero al entrevistar ampliamente y en repetidas ocasiones, se tiene la certeza de que no hay recuerdo del ilícito ni lo podrá haber. Este ocurrió bajo la presencia de una amnesia lacunar, secundaria a foco epileptógeno parcial o por consumo de sustancias. Porque inferir que no se puede diagnósticas como explosivo intermitente, pues bien, por la comunicación posterior del sujeto. Este dice que supo lo que había hecho porque sus conocidos le refieren que lo vieron con el occiso en sus piernas, él se encontraba de rodillas en el piso, y estaba todo ensangrentado. Aunque esto no lo recuerda, solo tiene conciencia de sí mismo tiempo después, cuando el ya está limpio y bañado.
La edad de seis a dieciocho años de los trastornos de adaptación están excluidos para este diagnóstico, ya que en un reclusorio quien menor edad tiene, son dieciocho años o más. No siendo la mayor frecuencia de edad entre la población del sistema carcelario. Solo en los tutelares para menores se podría tratar de pensar en que lo explosivo intermitente sería como una alternativa diagnóstica.
Por último, el diagnóstico de explosivo intermitente es asignado a casos de secuestro. Pero conociendo la dinámica de los secuestros en ellos es característico la planeación y la reflexión. Además de que los involucrados en tales delitos son reflexivos , calculadores y controladores, en especial si son los “intelectuales del delito”, pero también si son los “ejecutores del delito”. Estos últimos no son impulsivos, ya que esperan las indicaciones del “intelectual” que dirige el delito. Con ello se contradice la posibilidad de asignar el diagnóstico que nos ocupa en los casos de secuestro.

MTRO. PS. ALEJANDRO FABELA ALQUICIRA
C.P.R.S. Ecatepec
jaliscoafa@yahoo. com.mx






[1] Ayudante de los choferes de autobuses o microbuses, encargados de cobrar los pasajes, o gritar en las paradas o paraderos para que el pasaje aborde el vehículo en cuestión.

sábado, 11 de marzo de 2017

DON JULIO Y DOÑA LIDIA

Hoy corresponde observar un cuadro a lápiz de grafito, en papel de 48x34, cuya elaboración que se concluyo en Junio de 2010.
En su historia podemos decir que son los rostros de mis padres cuando eran jóvenes y aún eran novios. como costumbre de los enamorados, se intercambiaron sus fotografías. ambas fotos por separado, por la posición de su rostro los dos ven hacia el mismo lado, pero al intercambiar la posición de las fotos se lograría que pareciera que se vieran mutuamente. lograr esto fue uno de los motivos para pintar y dibujar. Algún día los pondría en la posición que yo deseaba. no importo que para ello pasaran 18 años. No había prisa para esto. Ahora  después del 2003 y el 2004, respectivamente, por fin volvían a estar juntos, después de su deceso.

Marzo 11, 2017
MTRO. PS. ALEJANDRO FABELA ALQUICIRA

jaliscoafa@yahoo.com.mx

Inevitablemente siento un "nudo en la garganta" y la opresión de la emoción del pecho.


domingo, 5 de febrero de 2017

PERSONALIDAD ANTISOCIAL

Coacalco de Berriozabal a 05 de Marzo de 2016

¿PERSONALIDAD ANTISOCIAL?

MTRO. PS. ALEJANDRO FABELA ALQUICIRA
C.P.R.S. Ecatepec
jaliscoafa@yahoo. com.mx

Uno de los diagnósticos más frecuentemente elaborados, dentro de los expedientes en los C.P.R.S. corresponde al trastorno de personalidad antisocial (F60.2) del DSM-IV, el cual solo se modifica en su codificación de dígitos en el DSM-V (301.7). En ambos textos también se encuentra el comportamiento antisocial del adulto (DSM-IV Z72.811 y DSM-V V71.01). Esto fue motivo de discusión[1] sin solución, sobre el objetivo, de que en un texto se usara dichos diagnósticos. Pero ello también es causa de extrañeza. El último diagnóstico se ubica en el apartado de Problemas adicionales que pueden ser objeto de atención clínica, en tanto que el primero se encuentra en Los trastornos de la personalidad, que se codifican en el eje II. Si la personalidad antisocial se codifica en eje II, la pregunta lógica es ¿en qué eje se codifica el comportamiento antisocial del adulto? Pues bien, en el eje I, que también se denomina como padecimiento actual. No hay que olvidar que de acuerdo a la codificación del DSM, en el eje II, solo hay trece criterios diagnósticos a establecer que son: paranoide, esquizoide, esquizotípico, antisocial, limite, histriónico, narcisista, evasiva, dependiente, obsesivo-compulsivo, cambio de personalidad debido a otra afección médica, no especificados y especificados. Como podrá observarse, no se incluye el comportamiento antisocial del adulto. Lo cual reafirma que este se ubica en el eje I. ¿Por qué es importante esta diferenciación? Pues bien, porque los criterios diagnósticos del eje II son permanentes y abarcan toda la vida del sujeto y no como signos o síntomas crónicos o agudos; son permanentes por el desarrollo de la personalidad. Son patrones de comportamientos duraderos, permanentes o estables, que solo pueden ser atenuados o canalizados, pero no eliminados. Ellos no pueden implicar su eliminación como sinónimo de curación; y una vez establecido, no pude ser eliminado dicho diagnóstico[2]. De lo contrario se contradice la definición de personalidad en la teoría. Al respecto, Caso (1984) afirmaba:

“La personalidad es la suma estructurada y organizada de la interacción (influencia recíproca) dinámica de los factores psicológicos (inteligencia, afectividad, pulsiones, voluntad), espirituales (cualidades morales) y biológicos (fisiología y morfología) conjuntamente con factores culturales y sociales, en el comportamiento de la persona humana, que diferencian a un individuo determinado (pág. 871)”[3].

Diferente son los diagnósticos del eje I, donde sí se puede eliminar el diagnóstico, porque el padecimiento puede desaparecer, no importando si este es crónico o agudo. Es decir, que el comportamiento antisocial del adulto podría manejarse en remisión o eliminar de dicho eje el diagnóstico, con el paso del tiempo[4] o una evolución favorable.
Una segunda pregunta se refiere a ¿qué características tienen ambos diagnósticos? En general son las mismas, para lo cual trascribiremos ambos cuadros clínicos, tal como los contempla el DSM-V y que son:

“Comportamiento antisocial del adulto Esta categoría se debe utilizar cuando el objeto de la atención clínica es un comportamiento antisocial de un adulto que no se debe a un trastorno mental (p. ej. trastorno de conducta, trastorno de personalidad antisocial). Los ejemplos incluyen el comportamiento de algunos ladrones profesionales, mafiosos o traficantes de sustancias ilegales” (pág. 414)

Es interesante la indicación, que la definición da, sobre que el comportamiento antisocial puede estar presente en “…algunos ladrones profesionales, mafiosos o traficantes de sustancias ilegales”. Lo cual elimina la opción de hacer sinónimo de personalidad antisocial a la delincuencia, como parece hacerse con frecuencia en muchos de los psicólogos penitenciarios o criminólogos de los C.P.R.S. Refiriéndose el mismo a un comportamiento o a una conducta y no a una estructura de personalidad[5]. La que quedaría ubicada en el eje II del DSM-V y que se anota a continuación:

“Trastorno de la personalidad antisocial.
A. Patrón dominante de inatención y vulneración de los derechos de los demás, que se produce desde los 15 años de edad, y que se manifiesta por tres (o más) de los hechos siguientes:
1. Incumplimiento de las normas sociales respecto a los comportamientos legales, que se manifiesta por actuaciones repetidas  que son motivo de detención.
2. Engaño, que se manifiesta por mentiras repetidas, utilización de alias o estafa para provecho o placer personal
3. Impulsividad[6] o fracaso para planear con antelación[7].
4. Irritabilidad y agresividad, que se manifiesta por peleas o agresiones físicas repetidas.
5. Desatención imprudente de la seguridad propia o de los demás.
6. Irresponsabilidad constante, que se manifiesta por la incapacidad repetida de mantener un comportamiento laboral coherente o cumplir con las obligaciones económicas.
7. Ausencia de remordimiento[8], que se manifiesta con indiferencia o racionalización[9] del hecho de haber herido, maltratado o robado a alguien.
B. El individuo tiene como mínimo 18 años.
C. Existen evidencias de la presencia de un trastorno de la conducta con inicio antes de los 15 años.
D. El comportamiento antisocial no se produce exclusivamente en el curso de la esquizofrenia o de un trastorno bipolar” (pág. 363).

Inicialmente es importante pensar de qué manera se puede enfocar la teorización de la información vertida en el apartado de la personalidad antisocial. Al menos en el rubro del Comportamiento antisocial del adulto, también se deben contemplar los puntos indicados del 1 al 7 en el inciso A. ¿cómo explicar que haya dos diagnósticos muy parecidos? y ¿cuál sería su distinción? En segundo lugar llama la atención “El comportamiento antisocial no se produce exclusivamente en el curso de la esquizofrenia o de un trastorno bipolar” ¿Qué significa esto? Es de interés la conjunción de tres diagnósticos que son: el comportamiento antisocial, la esquizofrenia y el trastorno bipolar. De acuerdo al DSM-V, ellos son diagnósticos que se asignan al eje I. Es decir, que se puede diagnosticar trastorno de personalidad antisocial siempre y cuando no existan trastornos del eje I que justifique su presencia. Una vez que tales trastornos son eliminados y permanecen los signos y síntomas del trastorno antisocial de la personalidad, se podría afirmar sin error, de la existencia de dicho cuadro de la personalidad. Se podría mantener el trastorno de la personalidad antisocial, de acuerdo al eje II.
Ahora bien, ¿a qué se refiere en pocas palabras el comportamiento antisocial (del adulto)? Esto se puede restringir al comportamiento delincuencial. Lo cual es importante porque coincidiría con una vieja afirmación personal, en relación al diagnóstico ¿si se desea saber si hay una personalidad antisocial en el delincuente, hay que eliminar dicha conducta delincuencial y ver que queda? Si lo que queda son las características de la personalidad antisocial, es indudable e inequívoco, que el diagnóstico correcto es el de la personalidad antisocial. Pero al ejecutar dicha acción es frecuente que lo que permanece puede ser cualquiera de los otros once diagnósticos del eje II. De esta manera, a pesar del comportamiento antisocial plasmado en el eje I, no puede ser automática la consignación de la personalidad antisocial en el eje II. De esta manera se eliminaría la falacia de que el comportamiento delincuencial es sinónimo de personalidad antisocial como se consigna con gran frecuencia en los Centros de Prevención y Readaptación Social. Un segundo aspecto a considerar, es el siguiente: ¿lo aparatoso, grave o dramático de la conducta delictiva es justificante para designar el diagnóstico, en el sujeto perpetrador del ilícito, el diagnostico de personalidad antisocial? Por ejemplo, en el llamado caso del “mecánico asesino”. Este atropello a tres menores de edad, causándole la muerte y lesionando a una profesora. Pero en su reclusión estaba relativamente “tranquilo”, solo peleaba en defensa personal, cuando los demás internos del reclusorio en el cual se encontraba lo agredían. No lo querían porque había matado a niños inocentes. Uno de los participantes y líderes negativos de una banda dentro del reclusorio, que robaba, golpeaba, lesionaba y extorsionaba a internos y familiares de estos o bien traficaban con drogas e incluso llegaron a amenazar a autoridades institucionales. Con el tiempo, al desmembrarse dicho grupo delictivo, mantenía su enojo, oposición, resentimiento, rebeldía hacia las figuras de autoridad. Pero ya no peleaba, aunque en sus antecedentes cuenta con múltiples cicatrices por lesiones con arma de fuego o armas punzo cortantes. Decía que esperaba su cambio a un CEFERESO, reclusorio federal de alta seguridad, porque ahí sí podría cambiar y ser externado de manera anticipada. Salvo sus características personales ya mencionadas, se podía hablar con él sin grandes conflictos. Ello no evitaba su comportamiento amenazante, pero tenía conductas amables y bien dispuestas. En su historia de vida fue militar de carrera, aceptando las normas rígidas y duras del ejército. Provenía de una familia de militares y en la infancia, antes de los diez y seis años de edad, no hay información relevante de conducta antisocial, excepto una riña en la primaria, por lo cual fue expulsado de dicha escuela. Un tercer caso es de interés. Un delincuente[10], acusado de secuestro, se le consideraba peligroso. Por lo cual es preguntaba, ¿Por qué se le calificaba de tal manera si no hacía nada en la reclusión? La respuesta era sencilla: Tenía que compurgar cincuenta y cinco años de sentencias cortas, contando en ese momento con cuarenta y ocho años de edad. En su delito se afirmaba que llevaba en la cajuela de su automóvil diez mil cartuchos útiles, metralletas “cuerno de chivo”, y pistolas, además de cometer delito de secuestros. Dado que tenía procesos pendientes en el Estado de México y en el Distrito Federal, efectivamente era cierto que el no saldría vivo de la cárcel, por lo tanto se transformaba en alto riesgo, porque le convenía fugarse o al menos tratar de evadirse. Pero nunca lo hizo[11].
Ahora es tiempo de pensar en la distinción entre ambos diagnósticos: personalidad antisocial y comportamiento antisocial. La distinción básica radica en el término personalidad y comportamiento. El primero implica la durabilidad de dichas características, en tanto que el segundo se refiere a la temporalidad de este. La conducta puede ser cambiada en su totalidad, en tanto que la personalidad solo puede atenuarse, pero no cambiarse en su totalidad. Lo cual es demostrable en el análisis clínico de casos, donde incluso el comportamiento antisocial desaparece después del tratamiento psicológico. En dos casos en exinternos: el primero pandillero, consumidor de múltiples sustancias, delincuente en robo, extorsión, riñas, lesiones, tráfico de drogas, etcétera. Asociado todo ello a una neurosis de ansiedad, caracterizada por temores indefinidos, ansiedad generalizada, miedo y temblores de origen psicógenos. Al conocerlo su psicólogo, el primer pensamiento era de qué compurgaría el total de su sentencia Sin embargo fue preliberado y su farmacodependencia remitió, al igual que la sintomatología neurótica y su conducta delictiva[12]. Terapéuticamente los motivos inconscientes que determinaban sus características personales fueron trascendidos. En el segundo caso ocurrió lo mismo, su conducta delincuencial o para y antisocial remitió. Como común denominador de ambos casos, los motivos determinantes se encontraban desde la infancia.
Al referirnos a la infancia, es tiempo de analizar el inciso C de la clasificación diagnóstica del DSM-V, que dice “Existen evidencias de la presencia de un trastorno de la conducta con inicio antes de los quince años”. En el primer caso descrito, su farmacodependencia se inicia aproximadamente a los ocho años de edad. Y en el segundo la vagancia comienza como a los ocho años de edad. A partir de entonces se deriva el resto del comportamiento delictivo, para y antisocial que presentaban. En ambos casos parece darse la razón al DSM-V, puesto que el inicio de la conducta se da antes de los quince años. Pero, aquí es de importancia analizar los motivos de inicio de la conducta antisocial. El que se inicia en la drogadicción, lo hacía para defender a su familia. Sus tíos acostumbraban golpear al interno, a sus hermanos y a su madre. En su adolescencia, consumiendo drogas y estando intoxicado se enfrenta a su tío y le dice que tomara represalias contra el si continua tratando a golpes a su familia. El tío solo le dice que era un “vicioso” y deja de golpearlos. En el segundo caso, la vagancia se inicia cuando sorprende a su madre teniendo relaciones sexuales con su padrastro, escena que parece observar y con la que se excita[13]. A partir de tal experiencia no quería llegar a su casa, adhiriéndose posteriormente a pares negativos, pandillas e iniciando en el consumo de sustancias. Tal vez, muy diferente de otro caso, que a los seis años agrede a su profesora de primer grado. Esta lo reprende y como le disgusto el llamado de atención, solo espero el descuido de la maestra y de manera inesperada le muerde el hombro, lo cual origino su expulsión de la escuela primaria. Años después, como a sus treinta y cinco años de edad, afirmaba su enojo porque la directora de la cárcel en que estaba recluida, se había ido. El decía que ella era muy “mala”; y esperaba solo el descuido de vigilancia para agredirla y matarla. Después de todo en su vida de pandillas ya había matado a muchos, incluyendo policías. El pertenecía a los “Marasalvatrucha”. En su vida personal, afirma que existen pruebas fotográficas de su personalidad. Había sido retratado por su familia, cuando estirando su cuello iba a morder a los adultos, tal como lo hizo con su maestra de primaria. Además, a los seis años se incorpora a los “Marasalvatrucha”. Con ello seguía el ejemplo de su familia, ya que sus hermanos y primos se habían integrado a dicho grupo delictivo; muchos de ellos estaban muertos o en prisión, mientras otros seguían en la banda. En los Estados Unidos de América, se relaciona con padillas llegando a ser segundo líder de una “clica”. No quiso ser el primero porque ello lo quitaría de la acción- Por eso prefería que otro fuera quien diera las ordenes y el solo ejecutarlas con el grupo que comandaba. Afirmaba que no le importaba la posibilidad de que lo mataran, pues tal vez estaba destinado a ello. ¿Con mayor certeza, en él si se puede afirmar que su personalidad corresponde a los rasgos antisociales? ¿Por qué la duda? ¿Por qué solo rasgos y trastorno de personalidad? Porque a pesar de estar en un módulo de conductas especiales, para personas de alto riesgo, no generaba conflictos. Lo cual se está seguro no se mantendría de estar con la población general.
Regresando a los casos anteriormente expuestos, es importante considerar el inicio dichos casos arriba mencionados. Hay un motivo que determina la aparición de la conducta anti y para social, es decir los signos y síntomas del inciso A  de la clasificación diagnóstica del DSM-V en su primer apartado. Todos ellos pueden ser asignados a los casos mencionados, pero los motivos, a los ocho años diferenciados a través del análisis, contradicen la denominación de Henri Ey (2006) de:

“…Paso a la acción… acting out… no se trata de un acto simbólico aislado, sino de una realización completada y repetitiva…” (pág. 331).

 Carácter fundamental en la conducta o comportamiento de la personalidad antisocial, de esa manera se da y como se señala no hay simbolización del mismo. En cambio en el menor que no quería encontrarse de nuevo con su  madre y su padrastro, pierde el tiempo vagando por las calles para evitar llegar temprano a casa y toparse de nuevo con la experiencia que lo preocupaba. Andando en la calle se llega a reunir con los grupos de usuarios de drogas y por un tiempo el no consume las drogas. Pero lo que había visto en su casa no se le olvidaba, hasta que un buen día, uno de sus “amigos” le ofrece las drogas, con las cuales al menos temporalmente, mientras duraba el efecto, no se acordaba de lo que había visto en su casa. Por último, al involucrase en las relaciones sexuales, como adolescente, sabía lo que había visto en su casa, pero al tener relaciones sexuales eso no importaba ya. En el sujeto que enfrenta a su tío, como tuvo un propósito y sirvió para ello, su consumo de drogas lo continúa de manera habitual. Cuando se enfrena a la muerte, cuando casi lo matan, después de matar, degollado, a su hermano, se desencadena la ansiedad. Pero al reprimir el recuerdo de dicha experiencia, se crea la neurosis de ansiedad. La cual se complica con un segundo motivo: él se siente culpable, porque el día que mataron  su hermano, el lo había invitado a su casa, al bautizo de su hija. Recuperados ambos motivos, mediante el análisis personal, desparece los síntomas emergentes de la neurosis de ansiedad. En ambos casos, se inicia la abstinencia del consumo de drogas, no por petición de su psicólogo sino por iniciativa propia, manteniéndose y dando lugar a su preliberación[14] posteriormente. Su conducta delictiva también había remitido. Aunque jóvenes, parece que habían evitado el destino señalado por Henri Ey (2006)[15], la muerte prematura. Ambos tenían entonces menos de treinta años de edad.
Propositivamente se introducía un término en el párrafo anterior: el análisis. Técnica de tratamiento, basado en los conceptos psicoanalíticos, que dieron permeabilidad al mismo; generado cambios. Pero si ambos casos hubiesen sido antisociales, contradecirían la teoría, pues no fueron refractarios al tratamiento psicológico. Lo cual por teoría así se ha establecido, que el antisocial es refractario a cualquier tipo de tratamiento psicológico. Por la técnica usada, también podemos decir que se pudo establecer una transferencia positiva, que permitió que los sujetos fueran susceptibles de influencia terapéutica por su psicólogo. Lo cual, según la teoría, no es posible en los casos de personalidades antisociales (Kernberg, 1999). La indiferencia y frialdad, así como el desprecio por la vida de los antisociales no está presente. Más bien, parecen ser de los sujetos con comportamiento antisocial del adulto de Henri Ey (2006) de tipo delincuencial neuróticos, que son como sigue:

LA DELINCUENCIA NEURÓTICA. La familia aparece aquí menos traumatizante… Los problemas son menos aparentes. La delincuencia se manifestará por mecanismos de defensa con paso a la acción, revelando hostilidad inconsciente hacia el padre, las rivalidades entre los hermanos, protesta contra la mala conducta de una madre, etcétera (pág. 336).

Continuado el análisis de la información, relacionada con el diagnóstico: sí los criterios diagnósticos son casi los mismos, ¿en que radica la diferenciación diagnóstica? Indudablemente en una sola de ellas, la durabilidad y estabilidad de sus características de personalidad. Estables y perdurables lo son en la personalidad, no en el comportamiento. Lo que parece perdurable o estable en el comportamiento, en realidad solo podría corresponder a la cronicidad. Más aún, lo crónico, con el tratamiento adecuado puede desaparecer. Toda la conducta antisocial puede remitir y en ese sentido se podría asociar esto a la “curación”. Esto hace válida la estrategia diagnóstica, al menos dentro de los delincuentes y farmacodependientes, quitar “dichos cuadros clínicos y ver lo que resulta”. En resumen arbitrario, quedaría solo cuatro opciones: neuróticos, psicóticos, orgánicos o antisociales; más esto es importante, porque permite el diagnóstico diferencial. Saber que tiene el paciente o delincuente para tratarlo adecuadamente. De esta manera se cumpliría una consigna establecida para el tratamiento: si se sabe que tiene el sujeto se le puede tratar adecuadamente. Su contraparte sería, tratamiento sin claro diagnóstico, no se sabe que se hace, pero tratamiento no lo es.
Basta de teoría, es momento de retomar la clínica de las entrevistas o estudios de personalidades de los Centros de Prevención y Readaptación Social donde se consignan con frecuencia personalidad antisocial, en caso que cuentan con familia primaria y secundaria completa, esta es integrada y funcional, sin consumo de alcohol o drogas, sin antecedentes delictivos, con únicas parejas sexuales, con buenas relaciones intrafamiliares, primodelincuentes, sin tatuajes o perforaciones y buenos estudiantes o trabajadores. En pocas palabras sin contaminación social. Parece exagerado y en efecto lo es, pero hay múltiples casos así consignados. Por esto se cuestiona ¿antisocial? ¿Qué los antisociales no son conflictivos? O ¿dónde está lo antisocial como personalidad? Pues además, aún no son considerados delincuentes, son presuntos culpables, puesto que inician proceso jurídico y su condición delincuencial no se ha establecido. Y de momento los datos de la entrevista de ingreso o estudio de personalidad como procesado, no da elementos para consignar la conflictividad del sujeto. Y aún más, si son farmacodependientes, se asigna la existencia de una familia integrada y funcional en farmacodependientes múltiples y no importa si solo hay consumo de marihuana. ¿Ese calificativo de integrados y funcionales en los núcleos familiares, son reales en casos de drogadicción? Si así lo fuera, sería comprensible, porque en un caso de posible preliberación se designa como tutela del mismo, a la madre de familia. Su función es contener al interno y conducirlo por el comportamiento adecuado, a fin de evitar la revocación de su beneficio de libertad anticipada. Más, profundizando la entrevista y la historia familia, en un caso, se encuentra que dicho núcleo familiar cuanta con cuatro hijos, incluyendo el interno, que son consumidores importantes de drogas y los cuatro han estado en reclusión o están en reclusión. ¿Cuándo hubo contención por parte de la familia y de dicha madre de sus hijos? ¿Es posible que esa calidad de contención que se requiere la pueda haber en el futuro? El interno mismo verbalizaba que no le interesaba el tratamiento, ni los beneficios institucionales, que conocía, y si estaba dispuesto a compurgar su sentencia en la totalidad de la misma. En otro caso, ¿realmente la familia funcionaría para la contención del interno? Su vida de drogadicto y delincuencial (robo) se incio con el padre. Además en cierta ocasión, el interno y otros amigos de él, llegan a su casa y llevan a la familia de paseo, a la playa, rentando un camión de pasajeros para tal excursión. El dinero para esas vacaciones había salido de los robos del interno y sus amigos. La familia lo sabía y lo compartía con gusto. Era ¿cómplice o tolerante de la conducta del interno?
 Cotejando la conceptualización de la personalidad antisocial en Henri Ey (1976), señalaba que los antisociales se involucran en tantos problemas o consumo de drogas, que fallecen jóvenes por sobre dosis o porque los mataron. Sin embargo en los Centros de Prevención y Readaptación Social con frecuencia hay delincuentes y farmacodependientes de más de cuarenta años de edad, que fueron diagnosticados como antisociales. Por esto de nuevo se vuelve a la pregunta inicial ¿personalidad o comportamiento antisocial? De acuerdo a Enri Ey (1976) como es posible que dichos pacientes hayan sobrevivido tantos años si son antisociales. Cuando, incluso, algunos refieren períodos de estabilidad y de comportamiento adecuado; pocos, pero algunos de ellos tienen carreras universitarias inconclusas, habiendo abandonado su formación profesional por su consumo de drogas, adhesión a pares negativos o agudización de conducta conflictiva; otros tienen períodos de desarrollo laboral adecuado y productivo en subempleos o trabajos establecidos, con acercamiento a sus núcleos familiares. Su conducta inadecuada es resultado de una reiterancia conductual periódica.
Otro caso de interés, lo es el denominado por la prensa como “el mecánico asesino”, el cual provocó la muerte de tres menores de edad, al atropellarlos con su camioneta. Una criminóloga entrevistada en televisión afirma que probablemente su conducta delictiva está motivada porque es una personalidad antisocial. Pero conocido el caso, se puede deslindar que el diagnóstico real es el de una personalidad limite y el comportamiento delictivo se da bajo a presencia de un estrechamiento de la capacidad de conciencia. Reporta que todo a su alrededor se oscurece y solo ve como en especie de tubo la persona de a maestra, de una escuela de preescolares, con la que había tenido conflictos por dos años, y de lo cual había enterado a las autoridades competentes. Sic. “Nadie hizo caso y si la quería matar, por eso avance mi vehículo para atropellarla”. Afortunadamente para ella, solo la golpea y lesiona. Desafortunadamente para los menores, ellos estaban frente a la camioneta y fueron arrollados, lo que les ocasiona la muerte. Sin embargo, años después los mismos psicólogos del reclusorio afirma que el esta “tranquilo”.
De interés es también el nuevo trabajo a desarrollar (Enero de 2016), en el Centro Preventivo y de Readaptación Social Otumba Tepachico, en el módulo de conductas especiales (conocido como la Roca). Retrae el recuerdo que desde un año antes se conocía dicha área. En alguna ocasión, como parte de la certificación del mencionado Centro Penitenciario se recorrió este. Los internos eran ubicados uno en cada celda, con limitaciones para distracciones y prohibición de la interacción entre ellos. El inmueble se caracterizaba por su escasa iluminación y gran humedad. Más, el interés no son las instalaciones, sino las características de los recluidos en esta sección del reclusorio. Todos ellos se consideraban como problemáticos, con múltiples reportes o traslados a diferentes centros de reclusión del Estado de México y de la República Mexicana. Al revisar los casos en 2016, son sujetos con tentativas de fugas de otros penales, incitación a disturbios dentro de la cárcel. Múltiples reportes, traslados o conducta inadecuada persistente. Traficantes de drogas en el interior de su reclusión o en el exterior de ella. Asociados a grupos delictivos como los Beltrán Leyva, Los Templarios, La Familia Michoacana, etcétera. Sujetos que tiene capacidad para formar grupos delictivos en la reclusión, que ejercen la extorsión, el robo, las amenazas a internos y familiares de internos o problemáticos a la misma área de vigilancia del penal. Algunos consumidores de drogas, pero otros no. La mayoría de ello diagnosticados como personalidades antisociales. Pero con características de ser primodelicuentes, por el proceso que se llevaba en su contra, pero no por su conducta[16]. Después de todo, ya decimos que de manera habitual, a partir de su detención se involucran en diversos delitos o conducta inadecuada. Pero se decía ¿con familiar primaria y secundaria adecuadas o con relativa adecuación?
Con respecto a la última pregunta, hay que recordar tres casos específicos, pero no los únicos por supuesto, estos son: A un interno problemático, que incluso en reclusión roba dinero a su padre y lo amenaza con una “punta”, se le decía “…y el burro hablando de orejas”. Comentario derivado de que su esposa, al visitarlo en la cárcel le reclamaba, “X ya pórtate bien, ve como estas”. Pero ella tenía tres hijos, el mayor del interno, y los otros con hombres diferentes. Era consumidora de cocaína y con uno de sus concubinos tráfico con drogas. Dicho sujeto era distribuidor de drogas y como ella tenía un físico de adolescente y como mujer muy atractiva, la vestían de colegiala y la ubicaban cercas de una escuela para lograr la venta de drogas. En su vida personal, ella vivía con dicha persona, para de esa manera obtener las drogas que requería de manera “gratis”. En un segundo caso, esposa del interno, se afirmaba que ella fue desalojada de su casa, porque el arrendador no aceptaba el descuido de sus hijos, pues ella tenía varias parejas, bebía con frecuencia. Además de haber coparticipado en conducta delictiva, relacionada con la extorsión de personas, que eran realizadas desde el interior del reclusorio. Ella participaba en el cobro de tales extorsiones. El tercero, relataba un día, que después de asaltar, el interno y otros familiares y amigos, regresan a su casa con un camión foráneo de pasajero, para llevarse a toda su familia a pasear a la playa. La madre y la esposa sabían de tal conducta del interno y de que este se había iniciado en los robos y en las drogas por su padre. Información que por mucho tiempo no refirieron en las entrevistas del área de psicología.
 Informalmente se afirmaba, en relación a dichos casos de los internados en el módulo de conductas especiales, que muchos de ellos están bien en la reclusión, a pesar de que dicen lo contrario. Pero, sí ellos estuvieran en el exterior, son casos que probablemente ya los habrían matado. La condición de seguir vivos es el estar recluidos en la “Roca”. Algunos eran buscados por bandas delictivas contrarias, para privarlos de la vida, pero al entrar a la cárcel, ya no se les hizo nada. Esto también se piensa, se podría extrapolar a los internos en el módulo de conductas especiales. Su conflictividad en el interior del penal, implicaba la opción de que fueran asesinados[17], lo que no ha ocurrido porque se encuentran ubicados en la “Roca”. Parece que ahora, el vivir está condicionado por no salir de dicha área del penal. Transformándose de esta manera la “Roca”, como un área de protección. Aunque este no es el propósito de la institución y si la percepción de los internos. Tal vez en algunos casos por eso continúan comportándose inadecuadamente, para no ser externado de la “Roca”. Sin importar que el objetivo de la institución sea el de una sanción y mayor restricción por su conducta inadecuada.
Por las condiciones de módulo de conductas especiales, algunos internos afirman que dicho lugar se transforma en la zona más cara para la corrupción, afirmación sin comprobación oficial.
Realizando la evaluación de los internos de la “Roca”, surgen como primeras características de personalidad, la rigidez y el control de sus afectos, a pesar de ser tan agresivos, su capacidad de planeación y organización, les permitió involucrarse con frecuencia como cabecillas de grupos para y antisociales en la reclusión o en el exterior a ella. Siendo interesante revisar los expedientes en relación a diagnósticos previos, siendo el común denominador la personalidad antisocial. De acuerdo a esta clasificación nosológica es importante la cita siguiente:

“…el comportamiento antisocial (en el caso de la personalidad antisocial) podría resumirse en una frase: el paso a la acción se desencadena en el sujeto como una respuesta siempre a punto para ciertos estímulos… se trata de una conducta con respecto y hacia los demás, como si el acto dirigido hacia el exterior constituyera… la única vía de descarga de la tensión interna” (pág. 331).

En un sujeto, en el que se observan, en la administración de los test psicológicos de Bender y Habitat, que hay secuencias rígidas y semirrígidas[18] y en el segundo los bloqueos afectivos[19], se dará ese “…paso a la acción”, en realidad no. La organización, que implica la planeación y la anticipación estarían en contradicción con ese “…paso a la acción”[20]. Entonces se puede concluir, de acuerdo al DSM-V, que se trata de un comportamiento antisocial, pero no de una personalidad antisocial.
De acuerdo a esto, no es difícil que se encuentre el diagnóstico de personalidad antisocial en un caso de secuestro, que portaba en el baúl de su automóvil diez mil cartuchos útiles, pistolas y armas de las llamadas “cuernos de chivo”, con un mínimo de cincuenta y cinco años de prisión, que le impedirían salir con vida de reclusión. Pero ¿qué había pasado después de trece años en dicho sujeto? El afirma estar tranquilo en la reclusión, tener trece años sin reportes y estar resignado a vivir en la cárcel sin opción de externamiento. Que el afirmara, que respetaba a los custodios que no se corrompían, obedeciéndolos en todo lo que le decía; pero que solo obedecía a los que si se corrompían, haciéndoselos saber y sabiendo que no se merecían su respeto. No tenía conflictos desde hace muchos años con los internos, porque cree se ganó el respeto, no el miedo, de la población. Mostrando agrado y placer, porque su expsicólogo le había dicho que le agradaba verlo y que se veía “tranquilo” y “relajado” después de tantos años, trece. Afirmaba que pensó solicitar que de nuevo fuera su psicólogo, pero sabiendo su responsabilidad en el módulo de conductas especiales, no procedió con tal inquietud, permaneciendo con su psicólogo asignado. Entrevistándose con su expsicólogo para saludarlo y comentar lo mencionado en este párrafo. ¿Acaso el trabajo trece años antes había provocado la remisión del comportamiento antisocial? ¿Contrario a la teoría, era un caso de personalidad antisocial en el cual el tratamiento había tenido efecto? ¿O que paso con la personalidad antisocial? ¿Su estancia por once años en un CEFERESO, había logrado la permeabilidad al tratamiento de un antisocial? El interno solo comentaba, que trece años antes incluso pensó en suicidarse, no valía la pena vivir si no iba a salir de la cárcel, además de que sabía que su familia lo abandonaría en reclusión de manera definitiva. Pero ahora dice que ya no piensa en la muerte y aún quiere seguir viviendo, a pesar de que tiene aproximadamente siete años que no tiene visita familiar[21]. Su preocupación es como trabajar sin generar conflictos, para contar con el material de limpieza y para su vida personal mínimo indispensable. Por esto se atrevía a solicitar a la directora del penal una dotación de implementos personales de aseo. Consciente de que no es una obligación, aunque sabe que apoyo ella a otro interno, que se lo den. Consciente de que si no se cumple su petición, con conducta adecuada continuara manteniendo su tranquilidad en la reclusión; esforzándose por mantenerse en la cárcel. Ampliando el caso, se puede decir, que de nuevo funciona el taller de costura en la cárcel, en el cual se integra de inmediato. Un día en visita a dicho taller, suspende sus actividades, se acerca y saluda cordialmente a su expsicólogo, mostrándole lo que hace. Se despide, se aleja de los demás internos y continua con su trabajo de costura. Los responsables de la industria penitenciaría y responsables del taller de costura, lo tienen en importante consideración por ser un buen trabajador con el cual no tienen conflictos.
Ahora es conveniente retomar el análisis de un caso que se definía como personalidad antisocial. La primera crítica que se hacía al respecto, coincidía con el cambio de diagnóstico, denominándose como una personalidad obsesiva, para el eje II y se mantenía el de comportamiento antisocial del adulto en su eje I, con una farmacodependencia a cannabis y cocaína, en grado de dependencia, en remisión parcial en entorno controlado. Como características sobresalientes, no solo está el consumo excesivo de drogas, también lo está su participación en el tráfico de sustancias, tanto en el interior como en el exterior de la reclusión. Los robos fueron de manera habitual, sin consecuencias legales, tanto en la reclusión como fuera de ella; solo en su encarcelamiento se podría agregar la extorsión, las riñas, el golpear a otros internos. En sus antecedentes de vida, se encuentra que a los doce años abandona la casa familiar, vagando en las calles, como “niño de la calle”, por cierto tiempo. Refiere que la primera vez que asesino a una persona sentía curiosidad por lo que vería en el muerto. Después de ultimarlo, solo rodeaba su cuerpo observándolo y afirmando no haber sentido nada. Un largo comportamiento inadecuado, caracterizado por la meticulosidad, el control y la represión de las emociones. Pero “acting out”, por supuesto que no. En una de sus riñas, afirma que le reclama a un interno el maltrato que este hace de su concubina. Como lo reta y lo contraagrede, le da un “cabezado” y lo golpea. Sabiendo de antemano que ello le costaría un castigo dentro de su reclusión. En cuanto a su delito, de secuestro, homicidio y violación, este fue en agravio de una mujer menor de edad, de nueve años. La dinámica del delito consiste en sustraer a la menor de la escuela primaria a la que ella asistía, pues conocía a la víctima. Convence a su maestra y directora a medias, pero logra sacar a la menor. Caminando por un paraje, detrás de la occisa, un testigo, un menor de edad, lo ve con la víctima antes del homicidio. En determinado momento la estrangula con un cordón, quitándole de tal manera la vida. Acto seguido, se semidesnueda, después de haber procedido al desnudamiento de la víctima inerte. Penetrándola vaginal y analmente. Su vida y la dinámica delictiva parece justificar el diagnostico de personalidad antisocial, pero su proceder no lo justifica y si acerca más al de personalidad obsesiva. En este punto es de importancia volver a la teoría, en este caso con Henry Ey (2006), quien en su tratado de psiquiatría cita:

“El carácter “sadomasoquista” refleja la estructura de la organización somatofísica del estadio anal. Es con frecuencia ambivalente (doble componente sádico y masoquista). Los neuróticos caracteriales de este tipo son a la vez crueles, formalistas y duros, por una parte, y buscan el fracaso, la sumisión y el envilecimiento por la otra. Más raramente existen tipos netamente diferenciados en el sentido de caracteres sádicos (agresivo y dominador), o de caracteres masoquistas (pasivos y timoratos)” (pág. 386).

Destacando de la cita, que “…son a la vez crueles, formalistas y duros, por una parte, y buscan e fracaso, la sumisión y el envilecimiento por la otra…” características esenciales en la personalidad del sujeto a que se hace referencia. Que coincide con su forma de ser, tanto en su conducta para y antisocial, como en la ejecución del delito, este último matizado de crueldad. El buscar la sumisión, también se puede observar en la relación que mantiene con su concubina e hijo mayor. Cuando el interno habla por teléfono con su concubina, siempre le pide que lo comunique con su hijo. Como es frecuente que este se niegue, a pesar de no estar ocupado, el “formal y cortésmente” le pide que hable con su hijo para que le conteste y el haga lo que ha dicho y pensado que es mejor para él.
Combinar la teoría con la descripción lograda por el discurso del sujeto permite encontrar el sustento teórico que permite el entendimiento del caso. Esto ocurre nuevamente con otro sujeto diagnosticado como  personalidad antisocial. Diagnóstico que se modificó[22] al de una personalidad obsesiva con componentes paraoides, de acuerdo al DSM-V. La teorización de Henry Ey (2006) dice:

“La proyección es… negación de la tendencia interna mediante la atribución de dicha tendencia a otro; ejemplo: <<no soy yo el que tiene sentimiento hostiles, es que el otro me persigue>>. Se trata, por tanto, del mecanismo fundamental de la tendencia paranoica,…” (pág. 382).

Su comentario, del interno, al cual se hace referencia aquí, en general, es: todos son de lo “peor” (negligentes, corruptos, ignorantes, miedosos, etcétera). Y ese es el motivo por el cual, él se rebela contra ellos. ¿A quién se refiere aquí el sujeto? Pues especialmente a la figuras de autoridad, representantes de la institución donde está recluido. Son ellos contra él. Pero es curioso, que en otra época de su vida estuvo sujeto a una autoridad más rígida y severa aún, el ejército; en el cuerpo de paracaidistas, considerado como la élite del ejército, lo cual fue confirmado verbalmente por el mismo sujeto. Desde su ingreso, la bienvenida era “dura” y consistía en arrojarlos el primer día de su ingreso, desde la plataforma de diez metros, en la alberca. Esto era para “foguear” al candidato para su ingreso al ejército. Pero su vida militar no empezó ahí. Ya que su padre era militar, del cuerpo de paracaidistas y contaba con múltiples familiares, tíos o primos, con carrera militar. Entonces su vida militar fue de toda su vida. En su relato en entrevista individual, surgen en su relato dos hecho extraño El primero consistió en que su padre no quería que entrara al ejército y se opuso a ello. En lo cual, por supuesto, el interno no  obedeció. Afirma que después, este, estaba orgulloso de sus logros. El segundo hecho se relaciona con su comentario de: ser como Bind Laden, para arrojar una bomba en el reclusorio y que todos fallecieran. ¿Por qué identificarse con Bind Laden? El siendo militar, no necesita ser como dicho personaje, para cumplir su fantasía de matar a todos. La desobediencia y rebeldía de dicho personaje permite una relación similar hacia las figuras de autoridad por identificación. Quienes fallecerían al arrojar la bomba, manifiestamente, serían los internos y las figuras de autoridad. Pero, sí su antagonismo tiene que ver con las figuras de autoridad, ¿Cuál es la importancia de los internos? Hipotética y simbólicamente, puede ser el deseo de muerte hacia los hermanos. Pero también puede ser una desfiguración[23] por desplazamiento[24]. En realidad no son importantes los internos, sino solo las figuras de autoridad, con las cuales se da abiertamente el antagonismo. De esta manera se atenúa dinámicamente la importancia de las figuras de autoridad y se da una elaboración secundaría[25] que permite ocultar detrás de un símbolo[26] a quien se dirige la agresión, el padre. Esto último, da sentido a su actual y gran preocupación, su temor de que su padre, de más de ochenta años, es casi seguro que fallecerá. Lo cual se vuelve de gran importancia para él y lo desestabiliza psíquicamente. Al grado de deprimirlo y pensar que si ello ocurriera, la vida para él no tendría sentido. Pues afirma amar profundamente a su padre[27]. Aquí parece que la realidad amenaza con que su deseo se vea cumplido[28]. Por ello se da su comportamiento. De esta manera es comprensible uno de los castigos por los cuales fue sancionado en el módulo de conductas especiales del reclusorio en el cual compurga su sentencia: Un día, mientras un interno que apoya a servicios generales realiza reparaciones cercas de su celda, es golpeado en la boca por el interno. Saco su mano por entre la reja y le golpea sangrándolo. La agresión manifiestamente es hacia el interno, pero no se refiere motivo. Parece más un acto extraño e impredecible, pero solo si no se considera que al lado de tal interno estaba una persona del área de vigilancia. Por último, en este caso es de interés retomar su idea de arrojar la bomba, la cual parece extraña. Ello evidencia conducta, pensamientos y sensaciones extrañas y de extrañamiento, que parecen hacer referencia a una experiencia delirante primaria. Misma que habría que descartar, quedando solo la personalidad obsesiva. Esto es de importancia, pues de coincidir lo obsesivo y lo paranoide, la patología sería de mayor gravedad y por lo tanto de mayor dificultad para su tratamiento[29].
Dos de los internos diagnosticados como personalidad antisociales son de interés, por la elaboración de sus pensamientos. Uno en proceso por casi diez años y el otro sentenciado por casi quince años. El primero con delito de secuestro, afirmaba en una sesión que el solo se incrimina en el delito. Le dice a la policía que el cometió el ilícito. En sesiones subsecuentes se aclara dicho proceder que parecía asegurar su condena. En realidad el partía del supuesto que la autoincriminación no es válida legalmente para una sentencia condenatoria. Más bien, se dio cuenta de que su abogado llegaba, declarándose culpable del secuestro antes de que el este presente, por breves minutos el abogado no estuvo presente. Con ello espera evitar la sentencia por su delito. Se inculpo en ausencia de su abogado[30]. El segundo caso, siempre discute su aceptación del delito de homicidio, de la víctima de un secuestro. Con la certeza de que no será juzgado ni sentenciado. Lo cual es real. No se podrá localizar el cadáver nunca. El afirma lo desaparece de tal manera que nadie podrá encontrarlo. Pero, ¿cuál es la finalidad de incriminarse el del homicidio? En la actualidad se tiene la hipótesis de que es un distractor, para no analizar el delito de secuestro. Después de todo, él no está sentenciado o en proceso por el homicidio y si fue procesado y sentenciado por el delito de secuestro[31].


BIBLIOGARAFIA

  1. Caso, A. (1984). Fundamentos de psiquiatría. 3a ed. México. Limusa.
  2. DSM-IV-TR. (2005). Firts, M. B., Frances, A. y Piccus, H. A. (Laura Díaz Digon, María de Jesús Herrero Gascon, Barbara Sureda Caldenta y Xavier X Mata, trads.). Madrid. Masson
  3. DSM-5. http://rinconmedico.me/dsm-v-espanol.htm
  4. Ey, H., Bernard, P. Y Brisset, Ch. (2006). Tratado de psiquiatría. 8ª ed. Barcelona. Toray-Masson.
  5. Freud[1], S. (1917). Obras completas: Duelo y melancolía. (José Luis Etchevery, trad.). Buenos Aires. Amorrortu. vol. 14.
  6. Freud, S. (1900). Obras completas: La interpretación de los sueños. (José Luis Etcheverry, trad.). Buenos Aires. Amorrortu. vol. 4 y 5.
  7. Freud, S. (1926). Obras completas: ¿Pueden los legos ejercer el análisis? (José Luis Etchevery, trad.). Buenos Aires. Amorrortu. vol. 20.
  8. Freud, S. (1911 [1910]). Obras completas: Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides) descrito autobiográficamente. (José Luis  Etcheverry, trad.). Buenos Aires. Amorrortu. vol.12.
  9. Freud, S. (1905). Obras completas: Tres ensayos de teoría sexual. (José Luis Etchevery, trad.). Buenos Aires. Amorrortu. vol. 7.
  10. Kernberg, (1999). Trastornos graves de la personalidad. Estrategia psicoterapéutica. (Jorge Abenamar Suárez, trad). México. Manual moderno.
  11. Kolb, L. (1992) Psiquiatría clínica moderna. 6ª reimpresión. México. Prensa médica mexicana.
MTRO. PS. ALEJANDRO FABELA ALQUICIRA
C.P.R.S. Otumba Tepachico
jaliscoafa@yahoo. com.mx



[1] Con respecto a Sigmund Freud, se mantienen los años originales, en los cuales el autor publico sus escritos, correspondiendo estos a la traducción de José Luis Etcheverry, del 2006.

[1] Hace varios años, tal vez diez, se discutía con el ponente de un curso de actualización en diagnósticos clínicos. Pero en tal ocasión el ponente desconocía el diagnóstico de comportamiento antisocial del adulto. ¿Por qué se insistía en tal diagnostico? Ello se hacia en razón del cuestionamiento del razonamiento lógico de “delincuente entonces personalidad antisocial”. En realidad se consideraba que podía haber delincuentes con otro tipo de cuadro clínico de personalidad. Diferenciando claramente de la conducta delincuencial como entidad nosológica.
[2] Algo tan frecuentemente observado en el trabajo clínico de los reclusorios. Un psicólogo establece la personalidad antisocial y tiempo después lo elimina, en especial cuando el caso tiene una opción de preliberación. O bien, aunque había otros diagnósticos, cuando determinado psicólogo retoma el caso, hace el cambio correspondiente, asignado el de personalidad antisocial. Observando la presentación de los casos en un consejo técnico interdiciplinario, nadie menciona dicho diagnóstico; ni hay referencia al motivos de su eliminación o establecimiento. Explicable si se consideran los perfiles de los profesionistas que integran dicho consejo técnico que son: profesores, trabajadores sociales, abogados, médicos o alguna otra licenciatura. Con respecto a los psicólogos asistentes, como no corresponde a su caso clínico, no tienen participación alguna, excepto la del representante del departamento de psicología de la la institución; cuyo objetivo no es cuestionar los diagnósticos. Su objetivo es evitar la preliberación el interno en cuestión, en caso de observar una evidente falta de trabajo psicológico, tanto cuantitativa o cualitativamente; o de carecerse de los trámites administrativos pertinentes; por ejemplo, un cambio en los riesgos institucionales de alto a bajo, sin pasar por el riesgo medio. Solo en una ocasión, el representante legal de la institución pregunto ¿Qué había ocurrido con el diagnóstico inicial de un interno de personalidad antisocial?.¿Por qué se le había quitado? La respuesta fue: durante diez meses que tardo el tratamiento, se tuvo presente las características de la personalidad antisocial, de acuerdo al DSM-IV y no las tenía el interno. Al insistirse en el ¿Por qué se había dado tal diagnóstico? Ahora se puede afirmar que se debía a quien diagnóstico no sabía de diagnósticos o bien, de manera irónica, porque en su vida personal se tenía como antecedentes haber sido policía judicial.
[3] Caso Muñoz, A. (1984) Fundamentos de psiquiatría. 3ª ed. México. Limusa.
[4] En pocos casos, pero posible, se puede observar que la edad o el deterioro físico y mental del sujeto, puede atenuar el comportamiento antisocial. Peyorativamente se decía, ya no tiene fuerzas para seguir delinquiendo. Características que en la evaluación del riesgo social debe ser considerado. Sin importar la edad, hay internos que tendrán la fortaleza para volver a delinquir.
[5] Parece ser que el diagnóstico conjuntado de comportamiento antisocial más trastorno de personalidad antisocial es factible, estando cada uno en su correspondiente eje diagnóstico de acuerdo al DSM-IV, que en este caso serían eje I y eje II respectivamente. De esta manera es válida la propuesta del texto de “…comportamiento antisocial de un adulto que no se debe a un trastorno mental (p. ej. …trastorno de personalidad antisocial); es decir, que puede haber delincuentes sin que se les asigne el diagnóstico de personalidad antisocial.
[6] Impulsividad en el sentido de que no admite la demora de sus impulsos, necesidades o deseos; y no como en el sujeto con dañó neurológico, que no puede controlar sus impulsos porque hay una ejecución conductual automática, que no tiene freno conductual neurológico: por ejemplo, el sujeto que se pelea con otro y refiere: sabía que estaba noqueado e indefenso, pero no podía detenerme de seguirlo golpeando. Para detenerme fue necesario que un amigo detuviera mi brazo.
[7] Ya que la personalidad antisocial no medita lo que desea hacer, sino solo lo ejecuta en el momento en que se da la oportunidad. Ellos se da actuación por lo que se denomina “acting out”.
[8] Sin confundir esto, con la represión, negación, evitación, intelectualización o racionalización del sentimiento de culpa. Para experimentar sentimiento de culpa o remordimiento, habría que suponer que el sujeto cree que hizo algo inadecuado, que no había razón para dañar a otros o aceptar que hay cosas que no se deben hacer. Dilema que no esta presente en la personalidad antisocial. Pues él solo se deja llevar por sus impulsos o necesidades personales y no por las sociales. No las toma en cuenta ni le interesan.
[9] Poco elaborada. En realidad al antisocial no tiene interés en justificarse.
[10] Nuevamente se tuvo conocimiento de este, después de casi diez años, 01/03/2016.
[11] De interés es su evolución en tratamiento psicológico. No asistía a tratamiento, excepto cada seis meses. En dichas ocasiones se mostraba agresivo, retador, oposicionista y reclamaba, ¿Por qué se le atendía? La respuesta fue muy sencilla: Se le pregunta que si no es de la población asignada a su psicólogo, a lo que responde afirmativamente; la contra respuesta fue que el psicólogo estaba acostumbrado a atender a toda su población, por ello se le citaba. La segunda pregunta para él fue ¿Qué no es usted un ser humano?, nuevamente afirma con un sí; y el psicólogo le contesta que el atiende a seres humanos, por ello se le atiende. Curiosamente, no volvió a faltar a sus citas, dos individuales por semana y una sesión grupal. En alguna de las sesiones lloró porque perdería a su esposa, con posibilidad de libertad anticipada. El día que se le ve, después de trece años, se dirige a su psicólogo sic. “psicólogo, usted es X (nombre de su psicólogo), soy Y (nombre del interno)”. Se le contesta que sí afirmado su nombre de pila. Solo sonríe y dice que querría hablar con él. Que incluso había pensado solicitar que ahora se le asignará de nuevo como psicólogo. Su semblante, su actitud totalmente diferente a cuando se le conoció trece años atrás. Su solicitud no la hizo porque sabía que ahora el psicólogo está asignado al módulo de alta seguridad y conductas especiales de manera exclusiva, lo que ahora él sabía. Es interesante destacar, que antes de dejar de verlo, en sesión psicológica, cuando lloró, se le decía que debía apoyar a su esposa si la quería, como él lo afirmaba. Ella tenía posibilidad en la vida y no debía egoístamente sacrificarla porque él no tenía opciones. No contesto nada más. Tiempo después pidió apoyo, para que ante la dirección del centro de reclusión, se gestionará una solo y última entrevista con su esposa, aceptando todas las condiciones para la seguridad de él, de ella y del reclusorio. La entrevista se llevó a efecto. Tiempo después fue trasladado a un CEFERESO, donde estuvo recluido por once años.
[12] Los motivos personales eran básicamente tres: El primero favoreció el inicio de su drogadicción y mantenía el consumo de drogas. En su infancia, sus tíos golpeaban a su madre, sus hermanos y a él mismo. Pero un día estando intoxicado, se enfrenta a su tío, amenazándolo con contragolpearlo, sí continuaba con dicha conducta hacia su familia. A partir de ahí, no fueron nuevamente maltratados. El segundo, se relacionaba con la muerte de su hermano, al cual degollaron. El semiinconsciente logro escapar, no así su hermano. Motivo suficiente para sus temblores y ansiedad, pues estuvieron a punto de matarlo. Y el tercero, su sentimiento de culpa, porque al hermano lo matan el día que él lo invita a su casa, para el bautizo de su hija. Aclarándole que él no tenía ninguna responsabilidad y su hermano sabía las consecuencias de sus actos que lo llevaron a la muerte. Tiempo atrás, atraído por una mujer se la lleva a vivir con él. Pero ella era la “chica de la banda”, por lo cual la banda contraria jamás se lo perdono. Por ese acto estaba sentenciado a muerte y esta se ejecutó el día que fue a la casa de su hermano. El mismo lo sabía y el interno, pandillero, sabía que lo que había hecho su hermano era imperdonable, además, efectivamente estaba condenado a muerte.
[13] Existe la posibilidad incluso de que se haya masturbado, hipótesis no confirmada en el análisis.
[14] En la sesión posterior e inmediata a la negación de su preliberación, el interno se presenta a sesión y primero que menciona es su enojo contra su psicólogo por no tener la libertad anticipada. Señalando de inmediato que ello no importa porque continúa interesado en lo que sabe a partir de análisis, lo que vio con su madre y padrastro y las consecuencias de ello en su conducta.
[15]En “la evolución de la vida de un… psicópata es de los más variable; sin embargo, hay un rasgo que la domina y le confiere cierta unidad: esta vida de aventuras, en las que lo trágico alterna con lo pintoresco… raramente supera los primeros años de la madurez. Suele terminar bruscamente, o bien se petrifica en una figura estable patológica o criminal, en casos más raros evoluciona favorablemente” (pág. 336).

[16] En realidad hay falta de investigación de sus antecedentes, son primodelincuentes porque los detuvieron y procesaron, más en su vida, después de cierto tiempo de entrevistas subsecuentes, se encuentran que ya incluso habían sido procesados o sentenciados por otros delitos; ampliar su historial personal, en su vida de adolescentes o de niños ya hay conductas delictivas. La característica de tal conducta es que no hay consignación ante las autoridades. El haber sido recluido en los tutelares para menores se oculta o como no se preguntó ellos no dan espontáneamente dicha información. La familia no es frecuente que conozcan su conducta delictiva, suponiendo solo que su problemática es exclusivamente el consumo de drogas.
[17] Cansada la población de su conducta delictiva en el interior del reclusorio, es posible que se organicen para terminar con dichos grupos delictivos. De un caso reciente, algunos integrantes de ese grupo dicen que sabían que la población de internos ya estaban listos para matarlos. Así mismo de que conocen la amenaza que pesa sobre ellos si son externados del módulo de alta seguridad. Como están recluidos en la “Roca” hasta las armas punzo cortantes con que los internos se habían preparado fueron entregadas. Ya no había motivo para tenerlas o agredir a los integrantes de la banda delictiva.
[18] Características frecuentes de las características obsesivas compulsivas. Las cuales implican el control, la planeación y anticipación, del carácter obsesivo.
[19] Que consiste en la alineación de los círculos que corresponden a las personas importantes para el sujeto evaluado, relaciones de dependencia estrecha por aglomerar los círculos realizados o enlazados los círculos marcados por una línea al círculo central. Rasgos comunes en los obsesivos compulsivos.
[20] Henry Ey (1976) afirmaba: “…el acto (el comportamiento antisocial de la personalidad antisocial) es… inmediato, sin mediación del lenguaje: oposición terca, crisis o gritos, cólera y golpes… siendo el sujeto incapaz de explicar su gesto…” (pág. 332).

[21] En la última visita, su hermana le dice, que la visita anterior, fue la última que le dio su hermano y que no regresaría más. Además, para ella, esa era la última visita que le daría; tampoco ella lo volvería a visitar. Esto tenía una motivación real, ya que sus hermanos eran mayores que el interno, de más de sesenta y cinco años de edad. No solo no regresarían, sino que no habría quien los llevará, por ello se dio termino a las visitas.
[22] El diagnóstico es fundamental, ya que de ello depende de la manera en que se lleve a cabo el tratamiento. Freud (1920) afirmaba, que es vital el establecimiento de un diagnóstico preciso y previo al tratamiento. Informalmente, en las clases a nivel licenciatura de Psicología, impartidas pr un servidor: tratamiento sin un adecuado diagnóstico, no se puede saber que sea, pero tratamiento seguro no lo es. Aquí es fundamental, el comentario de dos psicólogos, de reclusorios, quienes afirman que dieron los diagnósticos, de pedofilia y antisocial respectivamente; para no ser molestados con el diagnóstico. Pero ¿quién los podía molestar? Acaso los médicos generales, los abogados, e incluso los psiquiatras u otros psicólogos. Que importa. Como se le afirmaba a uno de los psicólogos, esto implica introducirse en el terreno de la ética profesional, ya que no se puede hacer diagnósticos a petición de segundas o terceras personas (Caso, 1984; Kolbs, 1992), aunque estas sean autoridades legales. Lo que guía el establecimiento de un diagnóstico es el conocimiento de la psicopatología y psicodinamía de la personalidad que el psicólogo clínico está obligado a poseer.
[23] Freud 1900, 1926.
[24] Idem.
[25] Ídem.
[26] Idem.
[27] La conducta y los pensamientos del interno parecen aludir al mecanismo de autorreproches y autorrecriminaciones de los melancólicos. Ver Freud, S. (1917). Obras completas: Duelo y melancolía. (José Luis Etchevery, trad.). Buenos Aires. Amorrortu. vol. 14.
[28] Freud, 1900, 1926.
[29] A modo de especulación, la dificultad estriba en que de hecho el obsesivo ya es desconfiado, suspicaz e interpretador; pero el paranoide lo es aún más. Tampoco hay que olvidar la dinámica de la personalidad de ambos trastornos. Su estructura implica el carácter anal (1905), cuya zona erótica por excelencia es el ano. Estructura dinámica compartida en la formación militarizada por su rigidez y control obsesivo. De esta manera no hay que omitir dinámicamente su relación con la homosexualidad o las tendencias homosexuales inconscientes. El amor entrañable hacia el padre no puede estar exento de esto. Con ello se involucra otra característica más del interno, que se refiere a su ambivalencia hacia el padre y sus subrogados, las figuras de autoridad. Por último, cabe destacar, que la madre hasta el momento en que se da el análisis del interno no se encuentra presente. Recordatorio similar al del caso Schereber, analizado por Freud (1911).
[30] De interés es el análisis del mismo, para ver la dinámica personal atrás de la conducta delictiva. La vida del sujeto.
[31] La dinámica del interno también es de interés.