jueves, 3 de enero de 2019

NUEVAS REFLEXIONES SOBRE EL AUTOCONCEPTO


El presente documento se introdujo en la presente tesis de Maestría, por un interés personal. Habiendo incursionado en el tema del autoconcepto por segunda vez, quise que quedara planteado un tercer acercamiento a dicha temática.eso es lo que representa el APÉNDICE que se transcribe a continuación

APÉNDICE

NUEVAS REFLEXIONES SOBRE EL AUTOCONCEPTO.

Analizar la "amargura" (Alvarez e Iglesias, 2007), a esta se le puede ubicar como sinónimos la aflicción, según el diccionario de la lengua española. Este a su vez significa pesar o sentimiento. Los cuales a su vez significan sentimiento o dolor interior y arrepentimiento, en el caso del primero, en tanto que el segundo significaría conocimiento, estado afectivo, pena o aflicción (Ramón García-Pelayo y Gross, 2007). Desde esta perspectiva se introducen dos diferentes temáticas: el conocimiento y los sentimientos del hombre. Respecto a los segundos, se puede decir que son sentimientos que caracterizan a aquellos designados a la depresión[1] y a la vez nos refieren a lo interior del hombre, en otras palabras a lo subjetivo. En tanto que el conocimiento nos refiere a los procesos del pensamiento humano. Desde esta perspectiva se da una relación entre la "amargura" de Alvarez e Iglesias (2007) y el autoconcepto, entendiendo este como el conocimiento de lo subjetivo y los sentimientos del ser humano; de ese hombre que se mira en la sucesión de alteraciones a través de su vida. Pero, que a la vez, fue transformado. Esto es de interés, por el hecho de la permanencia, de lo que denominamos “las pasiones[2]”. Motivos, estas, de la metamorfosis en el texto de Ovidio.
En tanto que en relación al conocimiento subjetivo del ser, divino o humano transformado, es necesario ampliar su análisis a partir de un ejemplo. Y este se refiere a la mitología de Eco. Quien es una ninfa enamorada de Narciso; pero, por las características de este, condenada a ser despreciada en su amor y a amar sin ser correspondida. Fue castigada, por la diosa Juno, quien era distraída por Eco, con pláticas; para evitar que se diera cuenta, Juno, de las infidelidades del dios Júpiter, su marido. Por ello, a pesar de haber sido tan locuaz, no volvió a hablar ante nadie y nunca pudo callar después de que otro hablara; repitiendo solo su última palabra. Ella vivía oculta y no podía presentarse a los demás, excepto a Narciso; quien al rechazarla, provoco que esta se ocultara en el follaje y las grutas donde permanece. Su sufrimiento origino que su cuerpo se perdiera y solo permaneciera su voz, mientras sus huesos se volvieron piedra.
Esto permite concluir, que lo que permanece es la voz, o hay que decir, la palabra. Fundamental, por que es mediante ella, que una persona se describe o es descrita. Aunque lo físico o el cuerpo desaparezca, lo subjetivo no; y esto último, solo puede ser conocido por la palabra[3].
Eco, por su sufrimiento pierde su cuerpo y solo permanece su voz. En tanto que Narciso, al ver su reflejo en un lago y enamorarse de sí mismo, termina por fallecer. La relación con el autoconcepto se da, en el caso de Eco, por la voz, que podemos relacionarla con la palabra; misma que permanecen. En tanto que la imagen, en el caso de Narciso, puede fenecer, siempre y cuando la misma no sea descrita en palabras. De esta manera es posible que la imagen subjetiva no fenezca o desaparezca.
Si bien, como se decía de Freud (1900) y Lacan (2006) la imagen es más primitiva para la estructuración del autoconcepto, la palabra es la que da la permanencia del mismo. Las palabras han favorecido la transmisión oral del saber humano y mediante el sabemos de personajes y obras de la antigüedad. Recreándose con ello una imagen. Estas son plasmadas en palabras, permitiéndonos que mediante ellas imaginemos lo que ya, hace tiempo, incluso ha desaparecido. Al igual que Narciso y Eco desaparecen corporalmente. Pero en esta última permanece la voz, la palabra, y por ello, el mito de Narciso también.
Esto conlleva los puntos siguientes de importancia. El primero se relaciona con el autoconcepto. El mismo no tiene razón de ser si no es conocido por otro. Si no es comunicado a los demás, aunque sea a modo de eco. Y lo subjetivo, sin una comunicación, hacia los que lo rodean, no tiene sentido de ser. Ello incluso ocurre en el psicótico, quien verbaliza no para los demás, sino para los seres imaginarios en su ser. Aún Narciso, dialoga y habla consigo mismo, expresándose su propio amor. Pero, permanecer así, sería peligroso; en Narciso provoco su muerte. Por ello y por analogía, debemos decir que el autoconcepto, se genera en uno mismo, pero debe ser dado a conocer a los demás. Esos otros, que hablan del que se autoconceptua, confirman o rechazan lo que es su autoconcepto. Dejándonos conocer algo de ese ser, como así lo sabemos de la ninfa Eco. Con ello se leogra la trascendencia y permanencia.
Hablar de la imagen de Narciso y la transformación de Eco, retrae el recuerdo de Dorian Grey. En su cuadro hay cambios, incluso envejece, pero no el personaje de la novela. Esto significa que una imagen puede permanecer con menores e incluso sin modificaciones. Eliminándose aquello que no se quiere ver[4]. Así es la subjetividad y el narcisismo. Pero sin por ello importar, como en Dorian Grey, se evidencia lo interno y lo subjetivo de la naturaleza humana. Dorian Grey, no ve su imagen actual, jovial, pero si su maldad y perversidad. Es por ello, que la rechaza. No se niega a ver el cuadro, simplemente por que haya envejecido. Lo interior y subjetivo es aquí, como en el autoconcepto, fundamental para su estructuración. Así el único resto que de Eco queda, es la repetición. Es lo único que se sabe del ser castigado, el que fue condenado. Si analizamos esto, parece que nos sirve de apoyo para nuestra concepción del autoconcepto. Lo subjetivo, es fundamental, en la manera en como se concibe un sujeto a sí mismo. Y como determina su comportamiento. Y aunque es importante en ello, lo que dicen las personas que rodean al sujeto, el conocimiento de la interioridad, solo es posible por el mismo sujeto y mediante la palabra, aunque sea a modo de eco.
Por otra parte, no hay que dejar de lado otra línea de investigación. Al referir la "amargura", ya que se puede relacionar con diversos sentimientos que desde la psicopatología y ante su mayor intensidad estos se asignan a los cuadros clínicos denominados como la depresión, neurótica o psicótica, o la melancolía. Cuadros nosológicos en los que predominan dichos sentimientos y en los que también son frecuentes los autorreproches, las ideas de referencia del sujeto hacia sí mismo; y donde el sentimiento depresivo es considerado, desde el psicoanálisis, como la interiorización de la agresión por el mismo sujeto. La descripción de estos signos y síntomas los observamos en la psiquiatría (Bleur, 1960; Ey, 2006; Kolb, 1992; Fredman y Kaplan, 1975; Solomón y Vernon, 1972, etcétera) o en el psicoanálisis (Freud, 1917). Es necesario acotar aquí, una vez más, que al investigar la temática del autoconcepto ha surgido con frecuencia como temas, la adolescencia y la depresión.
Volviendo sobre dos preguntas anteriores de Alvarez e Iglesisas (2007), que son: ¿a que se refiere el autor con la "vejez perjuiciosa"? y ¿cual es el propósito de ese "mirarse"? A manera de respuesta de la segunda pregunta hay que retomar una cita de Alvarez e Iglesias (2007):

"...Y abandonado a esa condición miserable habrá de buscar (el hombre) una manera de salvación; explorará la existencia de algo que en ese hervor eternamente fugitivo tenga la posibilidad de la permanencia en el centro del derrumbe" (pág. IX).

La “exploración”, señalada por Alvarez e Iglesias (2007), es considerada como una función del yo, importante en la integración del autoconcepto. Y la “permanencia” que significa: sin cambios también se citan por Alvarez e Iglesias (2007) quienes dicen:

"...cambios evidentes para todos; cambios tan obvios en su aparición que pueden llegar a pasar inadvertidos a quien los presencia o los padece" (pág. XII).

Con ello se da una permanencia a la propia autoconcepción. Donde es importante el señalamiento de que son inadvertidos por que se esta “acostumbrado” a ellos o su cambio es mínimo[5]. Lento pero progresivo, que no es notado por la conciencia. Tal como pasa con el crecimiento del ser humano. Este cambio es mejor notado por los que están ajenos o lejanos a quien crece, que para aquellos que viven y conviven cotidianamente con el ser en crecimiento.
En su estudio introductorio, de la obra del filósofo Descartes, Francisco Larroyo (1984) aborda en la temática de la duda metódica, el tema de la autoconciencia, señalando que la misma es un "recurso filosófico" (pág. XIII) para investigar la verdad; más no da una definición particular de la misma. Sin embargo, por el contexto de su escrito y el pensamiento descartiano, este se refiere a la indicación de su silogismo "yo pienso, luego yo soy", en el sentido de que

"...Sí el hombre quiere investigar la verdad, debe examinar, en primer término, su propio intelecto, su razón..." (pág. XIII).

Debe reflexionar, examinar y analizar su persona y en particular su razón; debe someterse a sí mismo a la duda metódica antes de llegar a la certidumbre de su persona o de las cosas. Así, la autoconciencia significa la conciencia de su persona o de su razón; de aquello que según Descartes es la esencia del yo, los pensamientos.
La estructuración del autoconcepto inicialmente se da por imágenes[6] pero se concluye al final con las ideas y las palabras. Siendo las últimas las que darían mayor permanencia a la definición del autoconcepto. La imagen puede destruirse, olvidarse, desecharse o transformarse, pero la palabra le daría permanencia por más tiempo. Así, Eco, físicamente desaparece y Narciso también con su muerte. Pero la voz de Eco permanece, aunque sea como eco, y en la historia de Narciso también.
Con respecto a la permanencia del autoconcepto, no debe olvidarse que en A comprehensive dictionariy of psychological an psychoanalytical terms, afirmaba que “...en cualquier momento dado...”  esta presente el mismo. Lo cual permite suponer que el mismo no se pierde. No hay que construirla cada vez que se le requiera sino que esta permanece. Por supuesto para ello es importante tener presente a la memoria.
Otra conclusión que puede derivarse, es el hecho de que, lo que los demás afirman o dicen del autoconcepto de una persona es relevante, pero la interioridad o subjetividad también lo es.
De esta manera, aunque lo físico o el cuerpo desaparezca, lo subjetivo no; y esto último, solo puede ser conocido o permanecer a través de la palabra. Así adquiere sentido la historia de “Dorian Grey”, de Oscar Wilde (2008), donde el cuerpo o la imagen del cuadro cambiaba, pero no así lo “maligno o perverso”, que había en su semblante, reflejado y permanente en el rostro del cuadro.
Desde esta visión, el autoconcepto no tiene razón de ser si no es conocido por otro. Si no es comunicado a los demás. Lo subjetivo, sin una comunicación, hacia los que lo rodean, no tiene sentido de ser.
En conclusión, lo interior y subjetivo[7] es aquí, como en el autoconcepto y su desarrollo, fundamental para su estructuración. Dando con ello sentido o mayor garantía, de que lo referido al autoconcepto es real al definirlo, desde la perspectiva del mismo sujeto.
Una conclusión más, es que solo viviendo en sociedad se puede llegar a tener un yo social, que implica la identificación del yo con la sociedad en que vive.
Ampliando algunos conceptos, es importante para Díaz Portillo (1998) quien aborda diferentes problemas de la psíque humana, como la escisión que es de interés en relación al autoconcepto. Ella cita:

“...En la escisión encontramos una disociación entre las funciones del yo, gracias a la cual se oponen o se enfrentan unas a otras, debido a identificaciones con objetos contradictorios cuya unión traería por consecuencia su destrucción de uno u otro, siendo ambos necesarios para la sobrevivencia, o estabilidad psíquica del sujeto. Este es el mecanismo que subyace en la personalidad múltiple, en la cual emergen temporal y sucesivamente a la conciencia cada uno de los aspectos escindidos del yo...” (pág. 20).

El primer aspecto que resalta es:”...cada uno de los aspectos escindidos del yo...”, por la conformación de una unidad a partir de secciones diferentes pero articuladas entre ellas. Partes que se hacen evidentes en la “personalidad múltiple”. Si bien ellas no dan pauta a diferentes áreas de la vida del ser humano, si a diferentes partes dentro de sí mismo.
Al hablar del autoconcepto, se le divide por áreas en las cuales cada personalidad que Sybil “vive”[8], correspondería a diferentes áreas de su propio autoconcepto. Pero en el caso de la personalidad múltiple nos topamos con más de un sujeto mencionando o denominado dentro de la mente de un solo ser humano. Por ejemplo, en el caso de Sybil[9], sus personajes de Sybil, Pegy Ann, Pegy Lou, Marsha, etcétera, hasta llegar a dieciséis personalidades diferentes. Todas ellas con características diferentes, comportamientos, actitudes o incluso aprendizajes diferentes; ejecutados por cada personalidad pero desconocidos para las demás conscientemente. Es decir, que no se tienen muchos autoconcepto y que la concepción de lo mío de William James sigue siendo válido. Por mecanismo de defensa de disociación se pierde el conocimiento consciente de una parte de la persona o de su autoconcepto, pero ello no significa que las otras se hayan perdido. Según S. Freud (2006) estas permanecen en el Inconsciente, o de acuerdo a Ey (2006) en la memoria. A pesar de la disociación seguirían siendo míos, en el caso de Sybil los demás personajes, sin importar la conciencia sobre de ellos. Además de que no hay destrucción de esas partes disociadas aunque si una caracterización particular[10]. Dándose de esta manera una sobrevivencia o una estabilidad psíquica[11]. Desde esta postura Disociación y destrucción psíquica son fenómenos diferentes. En el caso de la confusión mental si se puede hablar de una destrucción pero no así en la disociación[12] como mecanismo de defensa.
Más que, de  “...destrucción...”, se debe hacer referencia a fenómenos de anulación, cancelación, neutralización, disociación, etcétera. Para eliminar la contradicción que se introduce en el texto y en la psíque humana.
Por otra parte Díaz Portillo (1998) da relevancia también a los aspectos verbales y no-verbales como parte del conocimiento del sí mismo o del autoconcepto.
La capacidad de “escrutinio”[13] del paciente que es sometido a una entrevista o a tratamiento  terapéutico es importante para Díaz Portillo (1998) quien afirma:

“...El contenido de la entrevista incluye para los autores, tanto los elementos verbales como los pre-verbales, así como las intervenciones específicas del entrevistador, las que son motivo de escrutinio, expresado a través del cuestionamiento de sí mismo. Por ejemplo, ¿porque formulé de tal manera esta pregunta?...” (pág. 27)

Con tales preguntas sobre la misma persona, de acuerdo a la técnica de entrevista señalada por la autora aquí, el paciente será llevado a generar un conocimiento de sí mismo. Fundamental para este, el autoescrutinio del autoconcepto, sea ello tanto en la salud o en la enfermedad mental. Aunque claro, ello con diferentes repercusiones y caracterizaciones[14]. Es decir, que lo verbal y lo no-verbal no tiene sentido sin esa labor de escrutinio, que pone de manifiesto el conocimiento de uno mismo. Esta parte es de importancia, por que en relación al autoconcepto no basta el verbalizar sobre las características o partes que lo integran, sino que es necesario llegar a una conciencia de los mismos y con respecto de uno mismo. Desde esta perspectiva, no basta tener claridad de conciencia, considerando a la misma como función intelectual superior, para tener una autoconceptualición, sino que es de importancia la capacidad de ser conciente de si mismo, en el sentido de conocerse y tenerse como objeto de reflexión a sí mismo. Darse cuenta de lo que es como ser humano.
Cercana a dicha labor de escrutinio, señalada por Díaz Portillo (1998) en la entrevista, está la función de autoobservación sobre la cual dice:

“El silencio... Tal conducta es indicio no sólo de la importancia que tiene determinadas personas en la conflictiva de motivo de consulta, sino también de la existencia de intensos mecanismos proyectivos y negadores, con la consecuente carencia de insight (conocimiento subjetivo experencial), de la existencia de conflictos psíquicos, que incluye la puesta en juego de las funciones  yoicas de auto-observación...” (pág. 72).
  
En especial, ante determinadas circunstancias, dichas funciones son puestas en acción por el sujeto, por ejemplo ante el silencio, que moviliza los mecanismos defensivos de proyección y negación. Mismos que obstaculizan la capacidad de conciencia personal de los sujetos. Capacidad que es de importancia para poder darse cuenta del mundo y de uno mismo. Las capacidades de conciencia y autoobservación[15] son de importancia y sin posibilidades de disociación para que se favorezca la conformación del autoconcepto. De esta manera la autora puede decirse que concluye afirmando:

“La conciencia es la capacidad de percatarse de sí mismo y del medio ambiente...” (pág. 168)

Antes de abandonar la anterior cita, se debe considerar un punto de análisis más. Esto se refiere al “cuestionamiento”, que el sujeto entrevistado se hace sobre de sí mismo durante la labor de “escrutinio”. Cuestionamiento que se relaciona con el preguntarse a sí mismo lo que le acontece o lo rodea. Ello es de importancia porque implica no solo el verbalizar sino el preguntar. Tales preguntas dan la posibilidad de trascender la simple autoobservación como medio de conocimiento de sí mismo. Lleva a la visualización o a la autoobservación interna. El ser humano se conoce porque se puede ver (autopercibir), pero también por que reflexiona sobre de sí mismo.
Desde una perspectiva diferente, pero permitiendo reflexionar sobre el autoconcepto, es de importancia la cita de Díaz Portillo (1998):

“Los enfermos psicosomáticos carecen frecuentemente de la conciencia de sufrimiento psíquico, necesaria para permitir una primera aproximación fluida y fácil (en el tratamiento)... El sufrimiento físico consciente, se mantiene aislado de los conflictos psíquicos que lo producen...” (pág. 66)[16]

Desde los padecimientos psicosomáticos también se puede enfocar uno de los aspectos que son difíciles de tratar en el tema del autoconcepto, el yo físico o el aspecto físico del sí mismo. Esto es retomado por Díaz Portillo (1998), como aquello de lo que no se tiene conciencia de sufrimiento, o de enfermedad, por estar “aislado de los conflictos psíquicos” del enfermo. Ello daría la dificultad dentro de la concepción del autoconcepto, porque lo aislado corresponde a lo psíquico. Así, por ejemplo, en el caso de los enfermos psicosomáticos se da el reporte de la dolencia física, pero no se le relaciona con los aspectos psicológicos del hombre. Se les encuentra divorciados de los mismos[17].
Aquí hay una separación (disociación) entre dos aspectos: la dolencia y la causa. Si se planteara a un paciente con colitis, se diría, que ha aprendido o le ha sido comunicado, que la causa de su dolencia es la irritación del intestino grueso; que provoca una inflamación dolorosa en la zona abdominal. Y tiene razón, si conoce la etiología física. Pero, sí se insiste en la causa que lleva a tal irritación, una segunda explicación sería, que es por la secreción de los jugos gástricos, que a cierto plazo lesionan las paredes o mucosas intestinales; manteniéndose de nuevo el aislamiento de la dolencia física y del motivo físico que la provoca. Solo si preguntamos cuál es el motivo de dichas secreciones, por cierto tiempo y en mayor cantidad de lo esperado, podemos acceder al hecho de que hay otra causa, como lo son los factores psíquicos.
De estos últimos, un motivo puede ser el estrés, la tensión o la ansiedad. Si bien ello es el motivo de la reacción psicosomática, también hay que preguntar cual es el motivo del estrés, etcétera. De ello se podría decir,  la vida actual. Pero indudablemente no el único.
Esto permite plantear, que si bien el autoconcepto es único y se le considera como una unidad, la conciencia del mismo siempre es parcial. El ser humano, no posee la capacidad de ser consciente de la totalidad de su autoconcepción. Dándose esto solo por la capacidad de la consciencia o bien por la intervención de los mecanismos de defensa, que parcializan la capacidad de consciencia[18].
Partiendo de los conceptos elaborados por Díaz Portillo (1998) es de importancia otro fenómeno que ocurre en el hombre y que tendrá impacto en la estructuración de su autoconcepto. Este es la “comparación”.
La “comparación” se puede dar de dos maneras diferentes, que si atendemos al desarrollo del presente capitulo se relaciona con lo interno o subjetivo y lo externo o social. Dentro de lo interno o subjetivo se puede considerar al superyó, el ideal del yo y el yo ideal (S. Freud, 1920), que implica las introyecciones que el sujeto ha hecho suyas y que se relacionan con sus vivencias en el desarrollo y en su interacción con las personas que lo rodean. Al hacerlas suyas conforman los modelos o imagos, de las cuales estructura el hombre su identidad o su autoconcepto. Su prototipo son las imagos paternas.
Sí se tiene presentes las imagos paternas, se da lugar al surgimiento de la segunda forma de comparación y que permite la emergencia de los que Díaz Portillo (2000) llama la “imagen social”, de una persona. Lo cual corresponde al yo social de Fitts (1965).
Esta última muy congruente con los que en psicoanálisis se conoce como contenido manifiesto, en tanto que lo subjetivo se complementaría con lo latente como contenido, que particulariza los manifestó. Contenidos, ambos que son cognocibles mediante el uso de la palabra. Que en la técnica psicoanalítica se da mediante el uso de la asociación libre.
Por otra parte, si bien es cierto que la imagen social influye o determina el autoconcepto, es importante señalar que la pertenencia pasiva al grupo no configura al mismo. Es desde la participación activa, inconciente y latente, como se integra dicha autoconcepción. Por esto es importante retomar la construcción de instrumentos psicométricos de acuerdo a Thorndike y Hagen (2006), pues con ellos se introduce nuevamente dos mecanismo de defensa, señalados por Fiorini (2006), que son la negación y la proyección. De importancia ellos, porque parcializan, distorsión o particularización del autoconcepto. Dando de tal manera el “Poner distancia” a que se refieren Thorndike y Hagen (2006) y la “deseabilidad social” Thorndike y Hagen (2006). Mediante la cual el sujeto dice lo que cree, quiere o le conviene decir. Creando las contradicciones entre el autoconcepto real y el personal. A lo cual el mecanismo de proyección contribuye también.
Avanzando, es de importancia retomar a José Luis Valdez (1991), quien cita:

"...la memoria necesaria para el uso del lenguaje... que organiza el conocimiento que una persona posee acerca de las palabras y otros símbolos verbales, si sus significados y referentes, acerca de las relaciones entre ellos y acerca de las reglas, de las formulas y algoritmos para la manipulación  de estos símbolos, conceptos y relaciones".

Si bien, es cierto que los conceptos, el lenguaje y las palabras, son fundamental también debe tenerse en cuenta su significado. Porque es algo de lo que da la dificultad para su evaluación y conocimiento. Desde esta perspectiva, al hablar del autoconcepto, no se puede omitir la consideración de los símbolos y los mecanismos de la formación e los procesos psíquicos descritos en la interpretación de los sueños por S. Freud (1900). Válidos para los procesos mórbidos y para los “normales”. Con ello se retoman los significados sociales y personales[19] de las mencionadas autoconcepciones.


[1] En el DSM-IV-R se les denomina como trastornos del afecto.
[2] Reild, 2002.
[3] Lacan, 2006. De manera similar, en el texto de “Dorian Grey” de Oscar Wilde (2008), el cuerpo o la imagen del cuadro cambiaba, pero no así lo “maligno o perverso”, que había en su semblante, reflejado y permanente en el rostro del cuadro.
[4] Informalmente, en la aplicación de prototipos del cuestionario o de los item para medir el autoconcepto, en especial en los reclusorios, encontramos como autodescipciones de ellos las siguientes: la honradez, la honestidad, la nobleza, ser trabajadores, ser buenos, la tranquilidad. Calificativos, que por el hecho de involucrase en un delito, sin profundizar en sus sus historias clínicas, no están presentes en ellos.
[5] Powell, 1975.
[6] O la visión, como lo indica el diccionario de la lengua inglesa, A comprehensive dictionariy of psychological an psychoanalytical terms.
[7] Díaz Loving, Reyes Lagunes y Rivera Aragón. (2002); José Luis Valdez (1997).
[8] De ahí el marco referencial externo de William H. Fitts (1965), pero también la alusión al marco referencial interno.
[9] Película y libro.
[10] Cuando Freud (1914) o Fiorini (2006) afirman que el análisis favorece la descomposición del síntoma, después de período de reelaboración se genera una nueva síntesis o una nueva unidad. Ella conserva restos de la unidad anterior, pero tiene lo nuevo de la reelaboración.
[11] Es congruente dicho planteamiento en relación de que la emergencia de la psicopatología es una forma de establecer un equilibrio aunque el mismo sea patológico. En psicoanálisis lo retoma S. Freud (1926) en las formaciones de compromiso, denominación que da a los síntomas, o Ackerman (1978) y Minuchin (1986) en los dinamismos o en la terapia familiar.
[12] Para comprender mejor esto, es de importancia retomar los señalamientos de Patiño (1980) quien afirma que en las psicosis y por supuesto en las neurosis, no hay una alteración de la capacidad de conciencia, sin importar la sintomatología que se presente. Para el, estrictamente, no hay alteración de la capacidad de conciencia como función. Sino que la alteración se da cuando la misma se relaciona con otras funciones. Para él, la conciencia da al ser humano la posibilidad de percatarse de sí mismo y de su medio ambiente. Es este percatarse lo que se ve afectado, cuando otras funciones del yo se ven alteradas y posibilitan que la información y el procesamiento de la misma sea de manera particular. Por ello el autor, a modo de ejemplo, dice. “Aunque en la esquizofrenia existe conciencia clara... toda afección que ataque los pilares de la conciencia... necesariamente perturba la posibilidad del hombre enfermo de percatarse de lo que ocurre en sí mismo y en el medio y reaccionar en forma adecuada ante lo que acontece” (pág. 104).
[13] Aunque usando términos diferentes, Fiorini (2006) hace una referencia similar en su conceptualización de los niveles y dinamismos del cambio. El afirma que el proceso de indagación y verbalización de lo vivido favorece el proceso de objetivación.
[14] Diversos autores (Nava, 1986; Gómez, 1992; Galindo, 1993) mencionan la importancia de la enfermedad mental o el etiquetamiento del sujeto en relación a su autoconcepto.
[15] Blos (1975), Mahaler (1980), Kernberg (1999), Reich (2006), Ey (2006).
[16] Dicha cita nos parece además de importancia si la relacionamos con la conciencia de enfermedad)
[17] Quizás aquí sea de importancia retomar a S. Freud (1916) en su “Introducción al narcisismo”; donde afirmaba, que ante la existencia de una dolencia física, toda la libido se retrae hacia ese malestar orgánico. Perdiendo interés con ello el mundo que rodea al sujeto y el mismo sujeto. Por supuesto que esto es, en relación a cualquier otra parte de si mismo que no sea su dolencia física. Pero una vez pasado dicho estado se cae fuera de conciencia el interés por el cuerpo. Solo si hay dolor intenso se mantiene el interés por el cuerpo. De lo contrario no hay interés por el mismo. Esto hace, que a pesar de parecer ser algo de mayor objetividad y aprehensibilidad no lo sea en realidad. O acaso hay que reflexionar en el hecho de que lo físico es lo primero que el ser humano conoce o autoconoce al diferenciarse su yo de su no-yo. Esto crea un mecanismo en el cual media el olvido. Ello es como cuando una persona aprende a manejar una bicicleta. Al mecanizar los movimientos, después los ejecuta sin tener que observarlos o tenerlos presentes en la consciencia.
[18] Tal como lo indica S. Freud (1920), en su descripción de múltiples fenómenos psíquicos del ser humano, al delimitar su tópica descriptiva del aparato psíquico.
[19] El código subjetivo de José Luis Valdez, 1997.

No hay comentarios:

Publicar un comentario